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Capítulo 420:
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Se tensó, echando un vistazo por encima del hombro, con los labios apretados en una delgada línea. Aunque él mantenía una distancia prudencial, su enorme altura y la fuerza silenciosa de su presencia hacían que el aire se sintiera denso.
Instintivamente, se apartó, avanzando poco a poco hacia el lado más alejado de las puertas.
Un puñado de otros residentes se apiñaban en el ascensor. Katherine se mordió la lengua para no soltar una réplica mordaz: no era ni el momento ni el lugar. Quizá Julian estaba allí para ver a otra persona. Quizá era una coincidencia. No dejaba de repetírselo a sí misma.
Pero cuando llegó a su apartamento y sintió que él seguía siguiéndola de cerca, su paciencia se rompió como un hilo frágil. Se giró, bloqueando la entrada con su cuerpo. «¿Necesitas algo?»
Los ojos de Julian conservaban esa calma gélida y familiar. —Solo he venido a recoger mis cosas.
Apenas contuvo una risa amarga. Como si se lo fuera a creer.
Sabía cómo funcionaba él: para él, el deseo y el afecto nunca se mezclaban, y dejarle entrar significaría un desastre para ella.
«Te empaquetaré tus cosas y te las enviaré», murmuró secamente, plantándose frente a la puerta. «No hay mucho. O, si tienes prisa, espera aquí fuera; te lo traeré todo. »
La mirada de Julian recorrió su rostro, fría e indescifrable. El espacio entre ellos se sentía más frío que nunca durante el divorcio. Nunca se había sentido tan distanciada de él, ni siquiera cuando firmaron los papeles. Y cuanto más se cerraba en banda, más parecía él mostrar su frustración.
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«Lo haré yo mismo», insistió, extendiendo la mano hacia el teclado.
Katherine extendió un brazo, bloqueándole el paso. «Esta es mi casa ahora. Quién entra es decisión mía».
Apretó la mandíbula, con un tono de irritación en la voz. «Mis cosas están dentro. No confío en nadie más para que las toque».
Esa sola palabra —confianza— le cayó como una bofetada. Katherine vio claramente a través de la provocación.
«Son solo cosas básicas. ¿Desde cuándo te has vuelto tan sentimental?».
Julian arqueó una ceja, sonriendo con sorna. «Claro. Solo cosas básicas, ¿eh? Puedo empaquetarlas rápidamente. ¿Por qué estás apostada en la puerta como una guardaespaldas?».
Katherine le miró a los ojos sin pestañear. «Solo me estoy protegiendo».
Su risa fue aguda, más un ladrido que una broma. «No te engañes. No me interesa».
Un músculo se le tensó en la mandíbula, pero se mantuvo firme.
Aun así, él tecleó el código y empujó la puerta antes de que ella pudiera pestañear.
Ella contuvo el aliento, luchando por mantener la compostura. Su mayor problema con Julian siempre había sido su forma de hablar: cortante, dura, imposible de razonar. Había nacido con el mundo a sus pies, mimado y alabado, sin darse cuenta nunca de lo profundamente que podían herir sus palabras.
Pero eso era el pasado. Ella ya no era tan frágil.
Si él quería una guerra, se la daría.
Julian entró a zancadas, escudriñando el lugar como si buscara pruebas.
Ni una camisa fuera de lugar, ni zapatos de hombre, ni rastro de que hubiera habido alguien más allí.
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Nota de Tac-K: Linda mañana amadas personitas. Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. (ɔO‿=)ɔ ♥
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