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Capítulo 399:
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La doctora que la atendió —una especialista de edad avanzada con manos expertas— estudió los análisis de sangre de Katherine antes de levantar la vista, con una expresión de preocupación grabada en el rostro. «Esto va más allá de una simple irregularidad menstrual. Tendré que solicitar pruebas adicionales. Su plena cooperación sería de gran ayuda».
Katherine rara vez enfermaba, y la ansiedad se apoderó de su corazón. «Doctora… ¿debería preocuparme?».
«No en exceso, pero debemos identificar qué está provocando este dolor». Una posibilidad —remota, pero plausible— surgió en la mente de Katherine. «¿Podría estar… embarazada?»
La doctora se volvió hacia ella. «¿Sueles usar anticonceptivos?»
«Sí».
«Una ecografía nos dará una respuesta clara».
Tras una exhaustiva batería de pruebas, la doctora recibió por fin los resultados.
Examinó el informe con atención y luego alzó la vista hacia Katherine y Julian, con una expresión enigmática.
«¿Cuál es la naturaleza de vuestra relación?»
Katherine estaba a punto de responder, pero Julian se adelantó: «Estamos saliendo».
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La doctora preguntó: «¿Tienen planes de tener hijos en el futuro?».
Se hizo un silencio cargado de tensión. Julian lo rompió primero, preguntando: «¿Está embarazada?».
La doctora negó con la cabeza y, deliberadamente, le dio la vuelta al informe, colocándolo boca abajo sobre su escritorio. Juntando las manos, adoptó una actitud más formal. «Preferiría un momento a solas con la paciente».
Los nervios de Katherine se tensaron de inmediato. ¿Qué podía significar esto? ¿Se había confirmado realmente el embarazo?
Julian tenía conocimientos limitados de obstetricia, pero la mera sugerencia de un embarazo había eclipsado todos sus demás pensamientos. Antes de salir, se inclinó hacia Katherine y le susurró: «No interrumpas nada sin consultarme primero».
El corazón de Katherine se aceleró con un pánico repentino. «Ni siquiera sabemos si estoy embarazada. ¿Por qué darías por hecho eso?».
Una vez que Julian desapareció por la puerta, Katherine se sentó rígida frente a la doctora. Nunca había contemplado seriamente la posibilidad de un embarazo, y mucho menos cómo podría afrontar tal situación.
Las preguntas se arremolinaban en su mente. ¿Cómo respondería Julian a la paternidad? ¿Qué camino elegiría ella? ¿Por qué ahora, de entre todos los momentos posibles?
Su relación con él pendía de un hilo, carente de cualquier base sólida.
Entonces, la culpa se deslizó por sus pensamientos. ¿Cómo había podido permitir que ocurriera algo tan irrevocable?
Apretó la palma de la mano contra su abdomen, que aún le dolía. La idea de que alguien pudiera estar desarrollándose dentro de ella le parecía totalmente surrealista. La voz del médico interrumpió sus pensamientos. «¿Desde cuándo tienes la menstruación irregular?»
Katherine se puso alerta y respondió con cuidado deliberado: «Desde hace varios años. Tras graduarme en la universidad, mi horario se volvió caótico, con noches en vela y comidas irregulares… Lo descarté por considerarlo insignificante».
«¿Por qué evitas una evaluación médica adecuada?», le reprendió el médico. «Con solo veinticinco años, tu cuerpo ya muestra un desgaste significativo. ¿Sacrificar la salud por una relación? Las prioridades de los jóvenes siguen desconcertándome».
Katherine parpadeó, momentáneamente desorientada. «Doctora… No acabo de entender lo que quiere decir».
La doctora respondió: «Llevas mucho tiempo tomando anticonceptivos. Eso ha provocado una grave alteración hormonal. El episodio de hoy fue, en esencia, una señal de socorro de tu cuerpo. Un retraso mayor podría haber tenido graves consecuencias; ¿comprende la gravedad?«
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