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Capítulo 368:
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Aunque la negociación había ido a favor de Katherine, no esperaba que Effie aceptara tan fácilmente un acuerdo de prueba de un mes.
Manteniendo un tono profesional a pesar de su emoción, Katherine se inclinó hacia delante y preguntó: «Sra. Dury, ¿puedo preguntarle por qué dejó su último bufete?»
Effie respondió con franqueza: «Desacuerdos con los socios. Me puse en contacto con usted después de leer sobre sus recientes logros. Normalmente sigo mis instintos, y tengo un buen presentimiento sobre trabajar con usted».
Una sonrisa se dibujó en los labios de Katherine. Las cosas estaban saliendo mejor de lo que se había atrevido a esperar.
Una vez terminada la reunión, se subió al coche, eligió una canción alegre y tarareó al ritmo de la música, con el ánimo animado.
La luz del sol bailaba sobre la gema azul de su mano mientras conducía. La levantó, observando cómo brillaba la piedra mientras recordaba cómo Julian se la había deslizado suavemente en el dedo.
Ese viejo anhelo volvió a despertarse. Pero esta vez, lo tenía claro: esperar a que alguien se acercara a ella no bastaría. Si quería que él la mirara, tendría que erguirse con su propio brillo.
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¿Así que no había anillo de boda? No pasaba nada. Que siguiera así. Y no ser la esposa de Julian ya no le preocupaba.
El cansancio la agobiaba, y lo último que quería era frenarlo. En su lugar, decidió aferrarse a cualquier felicidad que se le presentara y saborear cada momento mientras durara.
En una oficina cercana, Louisa estaba junto a una ventana, tomando una taza de café mientras veía cómo el coche de Katherine se alejaba hasta desaparecer de la vista.
Había sido pura casualidad toparse con la reunión de Katherine con Effie mientras hacía unos recados.
El brillo en el rostro de Katherine al marcharse sugería que las cosas habían ido bien dentro.
Con la reputación de Effie y sus fieles clientes, unir fuerzas con Katherine podría dar a la pequeña y desconocida firma una ventaja real.
Para Louisa, los amargos celos que sentía en su interior eran algo nuevo; nunca antes los había sentido.
Entre las mujeres de su círculo, nadie podía realmente superarla. Sin embargo, en poco tiempo, Katherine se había convertido en una fuerza a tener en cuenta.
Louisa no se quedaría de brazos cruzados y dejaría que alguien así la superara.
Dejó la taza sobre el escritorio, cogió el teléfono y llamó a Ernest. «Te acuerdas de Effie Dury, ¿verdad? Ha vuelto a la ciudad. Seguro que recuerdas lo que pasó entre vosotros dos».
Conseguir a Effie fue solo el primer paso. Katherine sabía que no debía dormirse en los laureles.
Con su vida profesional cobrando impulso, se dio cuenta de lo mucho que aún le faltaba, especialmente en términos de financiación.
Seguir de cerca los movimientos del mercado se convirtió en su nueva rutina. Exploraba cada oportunidad, buscando inversiones que tuvieran sentido.
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