✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 296:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Katherine se dio cuenta de la futilidad de razonar con él. Su mente ya había elaborado su propia narrativa retorcida.
«¿Y qué te da derecho a criticarme?», le desafió, con voz firme a pesar del temblor de sus manos. «¿No estabas adulando a Louisa hace un momento?».
La audición selectiva de Julian ignoró su acusación.
Su mirada la diseccionó con precisión quirúrgica, como si fuera un espécimen bajo un cristal. «¿Cuándo empezasteis Ernest y tú vuestra aventura?». La pregunta cortó el aire entre ellos, cada sílaba chorreando veneno.
La furia floreció en el pecho de Katherine, oprimiendo sus pulmones hasta que cada respiración le quemaba. Algo dentro de ella se rompió como una ramita bajo los pies. «Eso es asunto mío», siseó ella. «¿Qué te importa a ti?»
Para Julian, su desafío equivalía a una confesión. Las venas de sus sienes latían visiblemente, trazando el mapa de su ira.
𝘓𝘦𝘦 sі𝗇 𝗶𝘯𝘵𝗲𝗿𝗋𝗎𝗽𝖼𝗂𝗼ո𝘦𝘴 𝖾𝘯 𝗇о𝘃е𝗹𝗮ѕ𝟰𝘧a𝗻.c𝗼𝗆
«¿Así que rechazaste mi cama pero te apresuraste a calentar la suya?», se burló él, con sus hermosos rasgos contorsionados por el desdén. «¿Es eso lo que has estado anhelando todo este tiempo: alguien que te colme de adoración vacía?».
Los ojos de Katherine ardían, enrojecidos mientras las lágrimas contenidas amenazaban su compostura. «Sí», escupió, abandonando toda cautela. «¡Eso es precisamente lo que deseo! ¿Qué hay de malo en querer que me valoren? ¡Cualquier hombre sería mejor que tú!»
Las palabras se escaparon de sus labios como fugitivas y la traicionaron de inmediato con el escozor de la sal. Apartó la cabeza bruscamente, frotándose furiosamente los ojos con el dorso de la mano.
La risa de Julian no tenía calidez, solo hielo quebradizo que podía romperse y cortar. «Tres años me has orbitado como un satélite desesperado, fingiendo que yo era todo tu universo. Ahora alguien más te ofrece una migaja de atención, ¿y te tiras a sus pies? Patético». Su voz se redujo a un susurro despectivo. «Qué barato».
El cuerpo de Katherine se puso rígido, como si él le hubiera clavado una navaja entre las costillas.
«¿Estás llamando barato a este amor?», susurró ella, con la voz quebrándose en los bordes. «¿O a mí?»
Julian se quedó mirando fijamente sus ojos brillantes. Algo desconocido —algo que se parecía sospechosamente al arrepentimiento— se extendió por su pecho como veneno.
Pero la imagen de ella corriendo hacia Ernest aplastó cualquier ternura incipiente. ¿Por qué debía sentir este dolor vacío? Su corazón siempre había estado fortificado contra tal debilidad. Si ella se le estaba escapando de las manos, ¿qué razón tenía él para contenerse?
—Dímelo tú —respondió él, calculando cada palabra para herir.
Katherine se mordió el labio inferior hasta saborear el sabor a cobre. Sus ojos hervían de resentimiento, pero sus pestañas temblorosas delataban su vulnerabilidad: una figurita de cristal al borde de un precipicio.
—¿Necesitas que te lo explique con detalle? —insistió Julian, mientras su sonrisa cruel se hacía más profunda al retorcer el cuchillo.
Algo primitivo estalló dentro de Katherine. Su palma impactó contra su mejilla con un estruendo atronador que resonó en el ascensor. «Sí, tienes razón… mi amor…»
.
.
.