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Capítulo 291:
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Eso solo podía significar una cosa: era a Katherine a quien buscaban.
Bajó la mirada hacia su pálida tez, con gotas de sudor brillando en su frente, y una inquietud más profunda y fría se apoderó de él. Ella no era alguien con poder o influencia, solo una mujer corriente que intentaba vivir su vida. Entonces, ¿por qué alguien la tendría en el punto de mira?
Mientras ese pensamiento persistía, la puerta se abrió y Louisa entró.
Parecía que tenía algo que decir, pero en cuanto vio a Katherine apoyada contra Julian, sus pasos se ralentizaron y su rostro se tensó. Por un breve segundo, la envidia brilló en sus ojos, solo para quedar oculta tras una sonrisa cortés y forzada.
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—Julian, si es un mal momento, puedo esperar fuera —se ofreció, con voz excesivamente dulce.
Julian mantuvo el brazo donde estaba, pero Katherine se movió por su cuenta, alejándose lentamente de él.
Él bajó la mirada, con un sutil fruncimiento de ceño, pero no dijo nada en respuesta a Louisa.
Louisa continuó: «Es sobre lo que ha pasado esta noche. Avísame cuando tengas un momento, ¿de acuerdo?».
Al mencionar el accidente, la mirada de Julian finalmente se alzó para encontrarse con la de ella. Si alguien había planeado esto para hacer daño a Katherine, Louisa pasó inmediatamente a encabezar la lista de sospechosos.
Se volvió hacia Katherine y dijo con firmeza: «Quédate a pasar la noche. Vuelve a casa mañana, cuando las cosas se hayan calmado».
Katherine asintió levemente, con la mirada desviándose hacia la marca roja en su brazo, la que ella misma le había dejado hacía unos instantes.
Julian no hizo ningún esfuerzo por ocultar la marca. Sin decir palabra, salió junto a Louisa.
Los ojos de Katherine siguieron sus espaldas por un momento antes de apartar rápidamente la mirada, con una extraña y pesada sensación instalándose en su pecho que no lograba expresar con palabras.
Louisa no perdió tiempo en informar del comportamiento sospechoso del camarero.
Como organizadora del evento, Louisa tenía acceso total a las imágenes de vigilancia. Julian no perdió tiempo, recopiló imágenes de los sospechosos y se las envió a su equipo para que las investigaran más a fondo.
Al hacerlo, Louisa no solo ayudó a Julian, sino que también limpió su nombre y comenzó a reparar su frágil relación.
A pesar de todo, la imagen de Katherine apoyada contra Julian la perseguía en sus pensamientos, carcomiéndola. Una amarga envidia se retorcía en su pecho, negándose a desaparecer.
—Julian, mi hermano acaba de salir de quirófano. ¿Te gustaría ir a verlo? —La voz de Louisa temblaba, y tenía los ojos enrojecidos por las lágrimas contenidas—. Ha sido un accidente horrible, y aún no se lo he dicho a nuestros padres. Estoy sola con él… Tengo mucho miedo…
El rostro de Julian permaneció impasible, pero una sombra se cernió sobre su mirada. Era difícil para cualquier mujer mantener la compostura cuando su hermano acababa de sufrir una lesión grave.
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