✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 266:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Como ya tenía las manos llenas de suciedad, Julian decidió terminar lo que había empezado, siguiendo las instrucciones de Katherine para limpiar a los cachorros y colocarlos junto a su madre.
Pero la perra estaba demasiado débil, apenas aguantaba y era incapaz de amamantar a los cachorros.
Katherine ya había previsto esto, así que tenía biberones de leche de cabra listos para alimentar a los cachorros.
Al verla trabajar con tanta eficiencia, Julian no pudo evitar admirarla. « «Se te da muy bien esto».
Katherine bajó la mirada y respondió: «Es sencillo. Si no fueras tan aprensivo, a ti también te resultaría fácil».
Julian recordó cómo había sido ella siempre: ocupándose de lo que podía por su cuenta y aguantando cuando no podía.
De repente, se le ocurrió una idea y su mirada se volvió gélida. «Cuando nacieron los cachorros, podrías haberlos envuelto en una manta. ¿Por qué tuviste que dármelos a mí y estropearme el abrigo?».
Katherine, al darse cuenta de lo rápido que se había dado cuenta, sonrió sin remordimientos.
Su expresión de satisfacción lo decía todo: «Eso te pasa por ser tan aprensivo».
𝗔𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘀𝗲𝗺𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗻 𝗻𝗼𝘃𝗲𝗹𝗮𝘀𝟰𝗳𝗮𝗻.𝗰𝗼𝗺
La veterinaria llegó por fin y se llevó con cuidado a la agotada perra madre junto con sus diminutos recién nacidos para proporcionarles los cuidados adecuados. La alfombra sucia permaneció donde estaba, y con evidente asco, Julian la enrolló y la tiró a la basura.
No fue hasta después de una larga ducha de vapor cuando por fin sintió que volvía a sentir un atisbo de comodidad.
Cuando bajó, se encontró la mesa puesta con sencillos platos caseros. A pesar de su sencillez, aportaban una calidez poco habitual a la villa, por lo demás fría y espaciosa.
Julian descorchó una botella de vino, sirvió dos copas y brindaron en silencio.
Una extraña ternura flotaba entre él y Katherine, como si el ruido del mundo exterior se hubiera acallado, dejando solo a los dos en su propia burbuja de tranquilidad.
Sin embargo, Katherine no podía quitarse de la cabeza la cruel ironía: ese momento suave, casi perfecto, podría ser la última comida que compartieran jamás.
Tres años de amor, tres años de añoranza… y justo cuando todo estaba a punto de terminar, él por fin dejó que se le escapara una pizca de ternura. Era casi demasiado para soportarlo, ese tipo de amabilidad que llegaba tan tarde.
El vino se deslizó por su garganta, provocándole un ligero ardor. Quizá fuera el alcohol, pero se encontró mirando a Julian con una mirada audaz, casi temeraria.
Julian se dio cuenta. Había algo diferente en sus ojos: una atracción, una madurez que ella no tenía cuando se casaron, un encanto que él había ayudado a desarrollar con el tiempo.
Después de todas las noches que habían compartido, sus sentimientos habían cambiado silenciosamente. Su mirada se oscureció y el deseo brotó bajo la superficie.
—¿Hay algo que te gustaría decir? —preguntó Katherine, con voz suave pero desafiante.
.
.
.