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Capítulo 26:
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«Genial». La voz de Katherine era tranquila cuando colgó y le devolvió el teléfono a Julian. Su otra mano se deslizó del bolsillo del abrigo, pero Julian apenas la miró antes de apartar la vista de nuevo.
La leve sonrisa en sus labios se desvaneció con la misma rapidez, sustituida por la serena compostura que siempre lucía. «Es cierto que ayer le ofrecí doscientos mil a un guardia, pero no los aceptó. El dinero no era tuyo. Esto no te afectará».
Una sombra se cernió sobre el rostro de Julian. Rara vez se involucraba en sus asuntos personales. El caos de su familia siempre había sido algo de lo que se mantenía al margen. Aun así, sus palabras le evocaron la imagen de su rostro bañado en lágrimas de la noche anterior, con los ojos hinchados, en silencio en su dolor.
—Tu padre está cumpliendo veinticinco años por asesinato en primer grado, ¿no? —Su tono era monótono, distante.
La pregunta la golpeó en lo más profundo. Se le cortó la respiración.
—No, le tendieron una trampa —murmuró, la urgencia en su voz delatando su contención.
Julian no insistió. —El próximo miércoles estoy libre. Iré a visitarlo contigo.
Se quedó paralizada, con un destello de incredulidad cruzándole el rostro.
Por un segundo, las palabras «gracias» estuvieron a punto de escapársele de los labios.
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Entonces se fijó en la leve curva de burla que se dibujaba en su boca, y la ilusión se hizo añicos.
Aquello no era amabilidad. Solo quería una ventaja, una nueva forma de mantenerla a raya.
Aun así, no podía descartar por completo el destello de calidez en su pecho.
—¿Haces esto por amabilidad? —preguntó ella, sondeando con cautela.
Julian parecía disfrutar de su reacción. El filo frío de sus rasgos se suavizó, sustituido por una mirada casi despreocupada, demasiado informal como para confiar en ella.
—¿No forman parte del matrimonio cosas como esta? —Dejó la pregunta en el aire y luego se puso de pie—. Envíame un mensaje el próximo miércoles.
Katherine dudó, y luego se puso de pie como por instinto.
Sabía que era una actuación, pero aun sabiéndolo eso no la detuvo. Aunque solo fuera un peón en su juego, seguía siendo un paso que tenía que dar.
Lo siguió hasta la entrada, donde él se detuvo y dijo: «Desinfectante».
Sin decir nada, se lo entregó.
Observó cómo limpiaba metódicamente cada superficie de su teléfono, sin dejar ningún punto sin limpiar.
«No le des más importancia. No soy germofóbico», dijo Julian con frialdad. «Es solo que no quiero que quede nada: tus manos lo han tocado».
Katherine apretó la mandíbula, obligándose a mantener la compostura. «Siento lo de anoche», dijo en voz baja. «Perdí el control. Si hay algo que necesites de mí, solo dímelo».
Julian se enderezó los puños de la camisa, y sus ojos se demoraron un instante más de lo habitual.
El pulso de Katherine se aceleró. ¿Cuándo había empezado a mirarla así? La frialdad de sus ojos albergaba ahora un destello de algo desconocido. ¿Era atracción?
A pesar suyo, eso le trajo recuerdos de aquella noche salvaje y sombría, una noche en la que aquel hombre no había sido realmente él…
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