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Capítulo 248:
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La idea de que alguien hubiera presenciado ese momento hizo que Katherine se sintiera expuesta. Como si la hubieran captado con una cámara, como si alguien hubiera subido su vida privada a Internet para que todo el mundo la viera.
Julian no parecía afectado. «Aunque lo viera, ¿y qué? Ella tiene las mismas partes que tú».
Avergonzada, Katherine se sonrojó de nuevo. «¡Esa no es la cuestión, y tú lo sabes!».
Una sonrisa torcida se dibujó en los labios de Julian. «Entonces, ¿de qué se trata? ¿Temes que vaya a tomar nota de tus habilidades en la cama?». Esa puñalada dejó a Katherine completamente atónita.
Él se encogió de hombros, sin inmutarse en absoluto. «Estás dándole demasiadas vueltas. Seamos sinceros: tus grandes éxitos en la cama son “no”, “para” y “no puedo más”. No es precisamente inspirador. Dudo que Louisa quiera tomar ejemplo de eso».
Cualquier aturdimiento que le quedara a Katherine se desvaneció. Agarró el trozo de papel más cercano y se lo metió en la boca. —Ya basta. Ya has dicho suficiente.
Julian se tomó su tiempo para sacar el papel y luego la miró directamente a los ojos. «Katherine, quiero preguntarte algo».
Ese cambio en su tono le oprimió el pecho. «Adelante».
«En aquel entonces, antes de casarnos, ¿nos conocíamos?». Sus pupilas se estrecharon ante la pregunta.
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Viejos recuerdos que había intentado enterrar resurgieron. Sus dedos se cerraron sobre las palmas de las manos. «Sí».
Julian la miró fijamente, con el ceño fruncido por la confusión. Si él no lo recordaba, solo había una explicación. «¿Estabas secretamente enamorada de mí por aquel entonces?».
Su respuesta salió más baja, casi como si le doliera decirlo. «Sí».
«Pero yo no era precisamente una figura pública, y tú casi nunca venías a Bresa. Entonces, ¿por qué aguantaste tanto tiempo?».
Antes de que Katherine pudiera responder, sus pestañas temblaron y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Julian se quedó ligeramente desconcertado. Algo en su silencio le llamó la atención. No era solo dolor, era algo más profundo, más antiguo. Ya no lo ocultaba. Por una vez, las lágrimas corrían sin vacilar. Sin pensarlo, se inclinó hacia delante y se las secó con suavidad. «¿Por qué lloras? Estoy aquí».
Sin decir nada, Katherine se inclinó y lo abrazó. Se aferró a él con una fuerza desesperada, como si él fuera lo único que la anclaba al mundo.
Julian sintió un nudo en la garganta y carraspeó en silencio.
En lugar de soltarlo, ella hundió el rostro en su cuello. Sus lágrimas empaparon su piel, haciéndole quedarse paralizado a mitad de movimiento. Tenía la intención de apartarla, pero esa versión tan vulnerable de ella era algo tan poco habitual. Se rindió y, en lugar de eso, la abrazó.
La voz de Katherine se quebró mientras temblaba en sus brazos. —Eras insoportable. Me dije a mí misma que nunca te perdonaría. Jamás.
Normalmente, Julian habría puesto los ojos en blanco ante ese tipo de acusación dramática.
De alguna manera, su cuerpo nunca cuestionó su presencia; simplemente confiaba en ella sin razón alguna.
Estar cerca de ella le daba la extraña sensación de que una vez habían compartido algo más de lo que la memoria podía explicar.
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