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Capítulo 244:
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Incluso un hombre como Julian. Aunque su cariño por ella fuera complicado. Con la mirada fija, Katherine respondió: «Sea cual sea la fantasía que persiga, no tiene nada que ver conmigo».
Ver su respuesta imperturbable solo hizo que algo dentro de Julian se rompiera. Soltó una risa seca, con la voz teñida de amargura. «Tienes razón. No tiene absolutamente nada que ver…»
«Contigo. «Es que no puedo evitar admirar lo encantadora que es mi esposa». Su sarcasmo no pasó desapercibido.
Katherine esbozó una sonrisa burlona, le dio un ligero empujón, luego se dio la vuelta y se alejó.
La frustración se reflejó en el rostro de Julian. Se quitó el abrigo a toda prisa, olvidándose de desabrochar un botón.
El sonido seco del botón al golpear el suelo no hizo más que avivar aún más su enfado.
Katherine se sentía cada vez más inquieta ante la energía desbordante de Julian: lo que otros admiraban, ella lo vivía como una prueba interminable. Para escapar de la agotadora rutina que él le imponía, aprovechaba cualquier excusa para salir de casa, a veces desapareciendo de la noche a la mañana con la excusa del trabajo.
Curiosamente, tras unos días de silencio por su parte, se dio cuenta de que él no se había puesto en contacto con ella. Esa pausa inesperada le permitió respirar por fin. Aliviada por el respiro, comenzó discretamente a sentar las bases para su propia consulta.
El dinero no era un obstáculo: había ahorrado más que suficiente. El único escollo era el lento proceso de aprobación. Aun así, el tiempo la había recompensado con contactos influyentes, personas que podían desenredar la burocracia cuando fuera necesario.
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Tras pasar una nueva página del calendario y completar sus tareas del día, Katherine se dirigió a ver a su padre, ansiosa por revelarle su sueño de poner en marcha su propia empresa.
Los ojos de Blaine se iluminaron de orgullo al escuchar su ambición, pero enseguida se le frunció el ceño con preocupación. «Es un paso audaz. ¿Estás segura de que podrás manejarlo todo tú sola?». Escribió sus respuestas en un papel. Katherine, a quien nunca le gustaba hablar de las cosas malas, sonrió y le dijo que todo iba bien.
Detrás de la mampara de cristal, la expresión de Blaine se tornó sombría mientras escribía sus palabras. «Intenta no chocar demasiado con tu marido, cariño. A veces es más sensato ceder. La vida es más fácil cuando tienes a alguien de tu lado».
La emoción le oprimió el pecho, dificultándole el habla, así que se limitó a asentir.
Cuando se acabó el tiempo de la visita, un guardia de la prisión se llevó a Blaine con delicadeza. Su mirada se demoró, llena de amor y de una silenciosa súplica para que ella estuviera a salvo. Luchando por contener las lágrimas, Katherine levantó la mano en señal de despedida, con el corazón susurrando una disculpa que no se atrevía a decir en voz alta. Julian no era alguien en quien pudiera apoyarse. Se estaba preparando para dejarlo para siempre. Se sentía mal por haberle mentido a su padre.
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