✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 232:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Justo en ese momento, Julian salió del baño de arriba y se detuvo en el rellano. Se quedó allí en silencio, abrochándose metódicamente los botones de la camisa, con los ojos fríos e imposibles de descifrar.
Katherine y Andrea alzaron la vista al unísono, conscientes al instante de su presencia.
Andrea vaciló y luego negó con la cabeza cortésmente. «Son del señor Nash. De verdad que no puedo quedármelos».
Katherine mantuvo un tono ligero, aunque sus palabras fueron firmes. «No son suyos. Yo los elegí y los pagué».
Andrea dudó, pasando los dedos por los guantes. «Pero… parecen demasiado grandes. Mi hijo es más bien delgado; puede que no le queden bien».
«Le quedarán bien», respondió Katherine. «Son ajustables, y la tela es lo suficientemente ligera como para no molestarle si toma apuntes».
Andrea se quedó paralizada, sin saber qué hacer, y miró instintivamente a Julian en busca de orientación.
Esa mirada fugaz le salió por la culata: su fría mirada la dejó clavada en el sitio. Julian ya se había cambiado y bajaba las escaleras con pasos mesurados y sin prisas.
—Aceptalos —dijo con calma—. Ha sido un gesto amable por su parte.
Andrea, rígida y mecánica, cogió la bolsa con evidente renuencia.
𝖳𝗿𝖺𝖽𝘂сcі𝗼ո𝘦𝗌 𝗱𝖾 с𝖺li𝘥𝗮𝘥 e𝘯 ո𝘰𝘃𝘦𝗹as4𝖿𝗮𝗇.𝖼om
Las palabras le salieron ahogadas, apenas con voz firme. —G-gracias, señora Nash.
Katherine mantuvo una compostura fría e indescifrable. —De nada.
Una vez que Andrea salió, Julian se dejó caer en su asiento y comenzó a comer en silencio. La pareja se sentó uno frente al otro, lo suficientemente cerca como para captar cada pequeño cambio en la expresión del otro, pero divididos por una distancia pesada y tácita que ninguno se atrevía a traspasar.
Julian se movió con un distanciamiento ensayado, el rostro una máscara perfecta de indiferencia, pero el leve tintineo de sus dedos apretando el vaso delató la tormenta que se escondía bajo su exterior sereno.
Katherine, con la mente ahora despejada, rompió el pesado silencio. «Julian, ¿mi madre te ha pedido dinero prestado recientemente?».
Por fin, él levantó la vista. Su mirada se posó como una navaja, fría e implacable, como si pudiera deshojar cada capa de su compostura.
«No», dijo, con voz seca y distante.
Se formó un sutil pliegue entre las cejas de Katherine. La respuesta la dejó inquieta.
Julian percibió el ligero pliegue entre sus cejas y preguntó: «¿Te preocupa algo?».
Katherine no vio sentido en dar explicaciones. «No es nada», dijo, restándole importancia.
Con tono tranquilo, él añadió: «Tienes mi tarjeta de respaldo. Úsala como quieras. También he conseguido un coche; puedes recogerlo cuando quieras».
Katherine, dejando de lado su habitual distanciamiento, asintió con naturalidad. «Te agradezco tu amabilidad».
Julian se quedó paralizado a mitad de movimiento, y su postura se volvió rígida. Esa cortesía vacía le quitó las últimas ganas de comer.
Dejó el tenedor sobre el plato con un suave tintineo. «Katherine, ¿cuánto tiempo piensas seguir con esto?».
Katherine captó la sutil acusación que se escondía en su voz y le pareció extrañamente divertida. «¿Qué hay de malo en esto?», dijo con ligereza. «Tranquila, agradable, sin complicaciones… ¿no es esa la mujer ideal a tus ojos?»
El rostro de Julian se volvió aún más tormentoso.
.
.
.