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Capítulo 230:
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Mientras revisaba los armarios y tomaba nota mentalmente de lo que había que reponer, Katherine respondió sin levantar la cabeza. «Probablemente. Pero la policía cree que tiene tendencias violentas, así que no la dejarán estar cerca de mi hermano durante mucho tiempo».
La cuidadora asintió levemente. «Para ser sincera, ella no ayuda mucho cuando está aquí. Solo creo que a tu hermano le gustaría tenerla cerca».
Ese pensamiento llevó a Katherine de vuelta a la noche anterior. Austin se había despertado varias veces, pero ni una sola vez mencionó a su madre. No daba precisamente la impresión de ser alguien que dependiera mucho de ella.
Mientras anotaba las últimas cosas en la lista de la compra, su dedo rozó un botón oculto en un armario cercano. Se abrió un pequeño compartimento, dejando al descubierto las pertenencias personales de Ivy.
El armario contenía todas las cosas familiares que su madre solía usar: lujosos frascos de productos para el cuidado de la piel y joyas relucientes. Katherine lo cerró de nuevo, con el rostro impasible.
Hubo un tiempo, antes de que su padre fuera encarcelado, en el que la riqueza había envuelto a su familia en comodidades. Su madre se había aferrado a esa vida como a una segunda piel. Incluso entre las paredes del hospital, no había renunciado a sus lujos.
Eso no era lo que le molestaba a Katherine. Era la forma en que su madre intentaba ganarse el favor de la familia Nash. Como si vender a su hija pudiera comprarle prestigio.
Katherine apartó ese pensamiento de su mente. Justo entonces, sus ojos se posaron en una tarjeta que yacía cerca del armario.
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Cuando se agachó para recogerla, vio que era nada menos que una tarjeta de socio de un salón de belleza de lujo.
El nombre del salón le sonaba: era conocido por atender exclusivamente a mujeres de la élite, de esas cuya cartera nunca se quedaba vacía. Una tarjeta negra de ese lugar significaba que se habían gastado al menos diez millones.
Katherine le había entregado a su madre más de una generosa suma a lo largo de los años, pero nada que pudiera justificar un capricho tan lujoso.
Se perdió en sus pensamientos. ¿Estaba su madre ganando dinero en secreto en otro sitio? ¿O tal vez había conseguido el dinero de Julian?
Algo en todo aquello no le cuadraba. Su instinto le susurraba que había más bajo la superficie. Tras anotar los detalles de la tarjeta, la volvió a deslizar en el armario donde pertenecía.
Al salir del hospital, los pensamientos de Katherine se desviaron hacia el apartamento que había comprado años atrás, un lugar tranquilo a solo unos pasos de distancia.
Eso había sido antes de que todo entre ellas se desmoronara. En aquel momento, le había preocupado que su madre no pudiera soportar la vida en el hospital y había reunido lo justo para comprarle un lugar cómodo.
Ahora, se sentía impulsada a ir allí.
¿El dinero de Ivy procedía de Julian? Enfrentarse a ello habría sido más sencillo. Pero si no era así, las consecuencias podrían ser graves.
En el momento en que ese pensamiento cruzó su mente, Katherine aceleró el paso.
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