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Capítulo 192:
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Cuando llegó el día, con los nervios a flor de piel, se dirigió al hotel.
Justo al acercarse a la entrada, su teléfono volvió a vibrar. «La directora del hotel te estará esperando en el vestíbulo. Ella te llevará arriba. Yo subiré en media hora».
Katherine respiró hondo y atravesó las puertas de cristal.
Al otro lado de la avenida, un elegante coche se detuvo.
Louisa, que pasaba por allí a pie, vio de reojo a alguien que se subía al coche. Al principio, no le dio importancia. Luego volvió a mirar… y entrecerró los ojos. ¿Qué hacía Katherine aquí sola en un hotel? Y vestida de forma demasiado atrevida para una reunión de negocios.
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La mente de Louisa daba vueltas con las posibilidades. ¿Podría ser? ¿De verdad Katherine tenía una aventura?
De ninguna manera iba a dejar escapar ese descubrimiento. Se puso las gafas de sol y la siguió a distancia.
En la sala VIP del vestíbulo del hotel, Katherine hablaba en voz baja con la gerente. Esta le entregó una venda de encaje: elegante, delicada y demasiado familiar.
—El señor A me ha pedido que le entregue esto —dijo educadamente—. Si no le importa, tendré que taparle los ojos antes de llevarla a la habitación.
Katherine acarició con los dedos la suave tela y reconoció inmediatamente la textura. Era igual que las que el Sr. A solía deslizar suavemente sobre sus ojos durante sus momentos íntimos.
El recuerdo le dibujó una sonrisa en los labios. Él siempre había sido atento, incluso meticuloso: nunca se le escapaba ningún detalle y siempre conservaba ese aire de misterio. De alguna manera, momentos como este habían empezado a recordarle a Julian. Julian no siempre había sido tan atento. Pero últimamente, había pequeñas cosas —gestos silenciosos— que la habían pillado desprevenida.
Sin dejar de sonreír, dejó que el gerente le colocara la venda sobre los ojos.
—¿Ya con los ojos vendados? —bromeó con ligereza—. ¿El «Sr. Nash» ha cambiado de habitación esta vez?
El gerente soltó una risa nerviosa. —Sí.
Katherine esbozó una sonrisa burlona, claramente divertida. Pero entonces pareció darse cuenta de lo que acababa de decir y balbuceó: —Eh… quiero decir, ¿quién es el Sr. Nash?
Justo fuera del salón, Louisa se bajó las gafas de sol y entrecerró los ojos mientras observaba a Katherine y al gerente. Con la venda, la alegre sonrisa de Katherine y la forma en que la guiaban con cuidado, era obvio: esto no era solo una reunión normal. Cualquiera podía darse cuenta de que le esperaba una sorpresa.
Pero ¿quién lo había planeado?
Louisa tenía sus sospechas, aunque una parte de ella se negaba a aceptar la idea. Aun así, impulsada por una amarga mezcla de curiosidad y temor, se dirigió directamente a la recepción. El dinero mandaba, y Louisa nunca era tacaña cuando se trataba de obtener respuestas.
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