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Capítulo 981:
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En esa fracción de segundo, la daga atravesó el aire, apuntando directamente a su corazón. Daniela giró bruscamente, esquivando el golpe letal con precisa agilidad.
—¡Daniela! —gritó Nina al caer al suelo.
Daniela la miró, con preocupación en la mirada. —¿Estás bien?
Apoyándose en las manos, Nina se incorporó. —Estoy bien.
Daniela asintió con firmeza. —Bien. Ahora, retrocede un poco.
Sin dudarlo, Nina se alejó, dejando una distancia segura entre ellas.
Volviendo su atención hacia Natalie, Daniela contempló la escena: su ropa manchada de sangre fresca, su comportamiento salvaje inconfundible. Parecía como si acabara de quitarle la vida a alguien.
Detrás de ella, la voz de Nina resonó, aguda y urgente. —¡Daniela! ¡Ha matado a Linden!
Al oír esas palabras, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Daniela mientras fijaba la mirada en Natalie.
Natalie apretó con más fuerza la daga y su expresión se ensombreció. —¿De qué demonios te ríes?
Daniela habló en un tono lento y mesurado, con una compostura inquietante. —¿Te das cuenta de dónde estás ahora mismo?
Natalie bajó la mirada instintivamente, con una expresión de incertidumbre en el rostro.
La voz de Daniela se suavizó, pero sus palabras tenían peso. —Este es el lugar exacto donde mi madre cayó y murió. ¿Sabes por qué, a pesar de toda mi riqueza y mis propiedades, nunca abandoné este lugar? Porque estaba esperando, esperando este momento.
Quería que su madre lo presenciara.
Todos los que habían participado en su muerte pagarían el precio correspondiente.
Natalie entrecerró los ojos y la sospecha se apoderó de su voz. —Así que sabías desde el principio que volvería. Hiciste que Linden se volviera contra mí. Lo mantuviste cerca, esperando el momento en que regresara, ¿verdad? ¡Daniela, eres realmente despiadada!
Daniela soltó una risita. —Exacto. Todo ha salido tal y como lo había planeado. Y ahora estás aquí, justo donde quería.
Natalie apretó con fuerza la daga, hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
—¡Vete al infierno! —Gritó furiosa, lanzándose hacia delante con la daga apuntando directamente a Daniela.
Cedric acababa de llegar cuando vio algo que casi le detuvo el corazón.
Delante de él, Natalie se abalanzaba sobre Daniela con la hoja brillando en su mano. A Cedric se le cortó la respiración.
Pero antes de que pudiera reaccionar, la mano de Daniela se levantó y, en un abrir y cerrar de ojos, inmovilizó a Natalie.
El miedo de Cedric se transformó en incredulidad absoluta.
Sus ojos se abrieron de par en par, mirando atónito la escena que tenía ante sí, luchando por procesar lo que acababa de pasar.
—¿Estás bien? —Cedric salió apresuradamente del coche y examinó frenéticamente a Daniela de pies a cabeza, buscando cualquier signo de lesión. Pero estaba completamente ilesa.
Toda su percepción de la realidad se sintió ligeramente sacudida.
—¿A tan corta distancia, esquivaste la daga de Natalie? —Cedric no podía entenderlo.
Había estado demasiado cerca.
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