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Capítulo 979:
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Ese día, todo el equipo se rió de la desgracia de Natalie.
La imagen inmaculada e inocente que había construido con tanto cuidado se hizo añicos sin posibilidad de reparación.
Ante esas crueles palabras, Natalie se quedó sin aliento.
Desesperada, se volvió hacia Cormac, pero su expresión era gélida. —Espero que tus asuntos personales no arruinen esta película. Recomendaré a la Sra. Harper que te sustituya.
Sus palabras dejaron a Natalie paralizada por la conmoción.
¿Por qué?
¿Cómo podía estar pasando esto?
Siempre había sido la favorita. ¡Había nacido en el lujo y había sido mimada toda su vida!
¿Por qué ahora todos preferían a Nina en lugar de a ella?
¿Por qué todos la trataban como si fuera inferior a ellos?
Natalie no lo entendía. Lo único que sabía era que Linden la irritaba sobremanera.
Sin pensarlo dos veces, buscó algo cercano. Mientras todos se concentraban en la comida y Linden sonreía con aire burlón a su teléfono, se acercó sigilosamente y le clavó el cuchillo profundamente.
La sangre cálida y carmesí brotó de la herida, goteando sin cesar sobre el suelo. Natalie se quedó mirando las manchas de sangre que se extendían. Una euforia salvaje se apoderó de ella, rápidamente sustituida por una extraña satisfacción y luego por un miedo creciente. Linden levantó la cabeza bruscamente y la miró con los ojos muy abiertos, incrédulo.
El pánico se apoderó de ella. Lo empujó hacia delante, le arrancó el cuchillo y se lo volvió a clavar con fuerza.
—Agh…
Ese fue el último sonido que Linden pronunció.
Una risa brotó de los labios de Natalie.
A partir de ese momento, Linden desapareció de su vida: se acabaron las humillaciones, se acabó la vergüenza.
¡Se lo merecía!
Un solo pensamiento consumía a Natalie: todos los que la habían humillado merecían morir.
¡Daniela!
¡Cedric!
Tenían que morir para que ella recuperara el lugar que le correspondía, el de la joven adorada y admirada que había sido una vez.
Natalie levantó el cuerpo inerte de Linden y lo arrastró hacia la salida. Una voz alarmada resonó detrás de ella. «¡Sangre! ¡Alguien está sangrando!».
Todas las cabezas se giraron con horror e incredulidad.
Cerca de la ventana, la sangre goteaba de forma ominosa, una visión escalofriante que dejó a todos paralizados.
El pánico se apoderó de la cafetería. Nina se abalanzó hacia delante, pero alguien la agarró con fuerza y la tiró hacia atrás. Se giró y vio a Elyse.
Elyse estaba paralizada, con los ojos muy abiertos, como si acabara de ver un fantasma.
Entonces, sin previo aviso, la abrazó con fuerza. —Nina, eres lo único que me queda.
Nina se quedó rígida por la sorpresa. Un momento después, empujó a Elyse y se dio la vuelta para marcharse.
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