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Capítulo 731:
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Sin decir palabra, Joyce sacó un cheque de su bolso y se lo deslizó al cirujano por la mesa.
El cirujano miró la cifra del cheque con avidez, aplaudiendo y sonriendo.
A través del grueso cristal, vio cómo sacaban a alguien.
Joyce se quedó paralizada un momento, mirando con incredulidad a la persona que estaba dentro. El personal médico estaba ayudando a la figura de la habitación, ajustando su postura y su posición.
Joyce permaneció en silencio durante lo que pareció una eternidad.
¿Era realmente Alexander?
El cirujano le sonrió tranquilamente a Joyce.
—Confíe en mí, somos profesionales.
La mirada de Joyce pasó de la persona que estaba dentro a la foto de Cedric clavada en la pared, y un anhelo oculto surgió en su interior.
—¿No hay algo que no está del todo bien?
El cirujano la miró y asintió.
—Sí. Como he dicho, la piel se puede hacer coincidir, pero siempre habrá pequeñas diferencias en la estructura ósea. Sin embargo, apenas se notan a menos que se mire de cerca.
«Eso no es suficiente», respondió Joyce, mientras observaba cómo Alexander, todavía tembloroso, era conducido de vuelta a la sala.
«Tiene que ser impecable».
«Entendido. Como he mencionado, somos profesionales. Pero para que lo sepa, para que la estructura ósea coincida perfectamente, tendremos que romper los huesos originales y remodelarlos. Es un proceso largo y doloroso, mucho peor que antes».
Joyce hizo un gesto desdeñoso con la mano.
—Ya se lo he dicho, el dinero no es el problema. Solo asegúrese de que se parezca exactamente al tipo de la foto. Sin defectos.
El cirujano tomó el cheque con una sonrisa.
—Además, para que lo sepa, esto conlleva algunos riesgos graves y posibles efectos secundarios. Necesitaremos la firma del paciente para continuar.
Detrás del cristal, Joyce llamó a Alexander, que estaba sentado rígido en una cámara estéril, aún sin recuperarse del todo.
Sin andarse con rodeos, simplemente preguntó: «¿De verdad estás contento con esto?».
A Alexander se le llenaron los ojos de lágrimas de dolor, y el personal médico que estaba a su lado se las enjugó rápidamente.
Joyce mantuvo su mirada y le habló en tono tranquilo.
«¿No quieres recuperar lo que era tuyo? ¿Puedes soportar la idea de que Daniela y Cedric hagan el amor? ¿Puedes manejar eso?
Alexander, fuertemente vendado, apenas podía sostener un bolígrafo.
Ante sus palabras, no dudó ni un segundo. Firmó el acuerdo sin siquiera mirar la nota quirúrgica, que advertía claramente: «Si la cirugía tiene éxito, los efectos desaparecerán en menos de un año y, finalmente, el rostro colapsará y quedará hueco».
Esta vez, Joyce no se apresuró a irse.
Se puso en contacto con una empresa de medios de comunicación de primer nivel cercana y se encargó de que alguien siguiera a Cedric, filmando todos sus movimientos. Analizarían cada fotograma con expertos para dar a Alexander formación profesional después de la cirugía. Su objetivo estaba claro: planeaba convertir a Alexander en una réplica perfecta de Cedric.
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