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Capítulo 697:
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«¿Qué acabas de decir?».
Linden se limpió un poco de baba de la boca, y una sonrisa torcida se extendió por su rostro.
—Cariño, ¿no fue idea tuya? Pasa una noche conmigo a cambio y yo me encargaré de Cedric. Relájate, cuando haya terminado, aunque me cueste la vida, me aseguraré de que Cedric desaparezca para siempre.
Nina lo miró, paralizada por la sorpresa. Su voz apenas si llegó a ser un susurro.
—¿Matar a Cedric?
Antes de que pudiera procesar el horror de sus palabras, Linden se abalanzó hacia ella, obligándola a caer sobre el colchón bajo su peso. Las lágrimas calientes corrían por sus mejillas, nublándole la vista.
Matar a Cedric.
Las palabras resonaban en su cabeza como un tambor implacable.
Natalie y Elyse habían utilizado su inocencia como un peón, intercambiándola por la promesa de Linden de eliminar a Cedric.
¿Cómo podían esperar que ella aceptara un plan tan vil?
La desesperación se encendió en su interior y se revolvió violentamente contra él, con un solo pensamiento ardiendo en su mente: tenía que destruir a todos los que la habían llevado a ese momento.
Pero el pequeño cuerpo de Nina no era rival para la fuerza bruta de Linden.
Él la dominó fácilmente, empujándola contra la cama con una sonrisa sádica. La puso boca abajo, obligándola a adoptar una posición humillante.
«¡Linden!», gritó, con la voz desgarrada por el terror y la furia.
«¡Suéltame! Mírame, ¡mírame!».
Los labios de Linden se presionaron contra la espalda de Nina, su risa rezumaba de cruel arrogancia.
«Por supuesto que sé quién eres, eres mi preciosa Natalie».
Nina se retorció para zafarse de su agarre, su fuerza menguaba a medida que la desesperación la consumía.
Su peso aplastó su determinación, dejándola agotada e inmóvil. Cerró los ojos con fuerza, lágrimas calientes resbalando por sus mejillas, trazando silenciosos caminos de angustia.
Agonía.
Su voz se quebró inesperadamente, cruda y desesperada.
«¡Daniela!».
Apretó los ojos, preparándose para lo inevitable mientras los movimientos de Linden se volvían más deliberados.
Su corazón se hundió en un vacío de traición, su espíritu completamente destrozado.
En ese momento, no deseaba más que escapar, aunque eso significara la muerte.
Un sonido repentino y discordante rompió la tensión sofocante de la habitación.
El pesado cuerpo de Linden se desplomó contra ella, inmóvil.
Nina se quedó paralizada bajo su peso muerto, con la respiración contenida.
No se atrevió a moverse, con los oídos tensos ante el inquietante silencio que había reemplazado al caótico alboroto.
Lentamente, abrió un poco los ojos y vislumbró a Linden inconsciente, tendido sobre ella.
Tardó un momento en darse cuenta de lo que había sucedido.
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