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Capítulo 689:
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Por la tarde, los especialistas habían llegado, listos para intervenir.
En menos de una hora, las tareas de Linden fueron completamente transferidas. Él arqueó una ceja, reconociendo en silencio lo impresionante que era el pensamiento rápido y los movimientos decisivos de Daniela.
Linden salió y escribió un mensaje a «Natalie».
«Han descubierto la causa del coma de Cedric y le han iniciado un tratamiento específico».
«Natalie» respondió casi al instante:
«¡Tienes que deshacerte de Cedric ahora mismo!».
Apoyado contra la pared, Linden se subió las gafas y esbozó una sonrisa fría.
«Daniela es muy perspicaz. Hacer algo así pondría mi carrera en la picota. ¿Qué gano yo con eso?».
La respuesta llegó en forma de imagen. Era provocativa, por no decir otra cosa. Linden se quedó mirando la imagen un momento, luego soltó una risa fría antes de grabar un mensaje de voz.
«¿Eso es lo mejor que puedes ofrecer?».
«¡Te recompensaremos generosamente una vez que esté solucionado!».
Linden se metió las manos en los bolsillos y miró fijamente al horizonte.
—No puedes hablar en serio. ¿Qué garantía tengo de que no te volverás contra mí cuando esté hecho? Esta situación es mucho más enredada de lo que esperaba. Y no olvidemos que los problemas alimentarios de Cedric se remontan a ti. Si se descubre la verdad, tú también tendrás un lío entre manos.
Elyse escuchó el mensaje de voz, su expresión se tensó y frunció el ceño.
«¡Maldita sea, Linden!».
«¿Qué es exactamente lo que quieres?».
Los labios de Linden se curvaron en una sonrisa burlona.
«Te quiero a ti».
Las manos de Elyse temblaron de ira.
Este bastardo desvergonzado estaba claramente perdido en sus delirios.
Natalie era su preciosa hija. Elyse había invertido tiempo y recursos en formarla, asegurándose de que dominara la etiqueta y la elegancia. No había forma de que dejara que alguien como Linden arrastrara a Natalie por el barro. Natalie merecía a alguien como Cedric, alguien excepcional, que la elevara a ser el orgullo de toda la comunidad social.
La mirada de Elyse se volvió gélida cuando un astuto plan comenzó a tomar forma en su mente.
«Todavía no confío en ti. Si quieres demostrar tu valía, muéstrame algo de sinceridad. No te estoy pidiendo que te lleves a Cedric ahora mismo, pero necesito ver si realmente puedes contribuir a su caída antes de considerar darte lo que quieres».
Linden arqueó una ceja y simplemente respondió:
«De acuerdo».
Más tarde esa noche, Daniela estaba absorta en su lectura cuando el dispositivo de vigilancia emitió una serie de pitidos. Al cabo de unos momentos, se quedó en silencio y volvió a la normalidad.
De pie cerca de ella con un cuaderno en la mano, Linden miró el rostro sereno de Daniela.
«No hay necesidad de preocuparse. Pequeñas fluctuaciones como esta son bastante comunes».
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