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Capítulo 666:
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Agotada, Daniela logró exhalar: «Una vez que las cosas se arreglen, usaré esto para convencerte de que vuelvas a casa».
Unas cuantas lágrimas se escaparon de las comisuras de sus ojos y resbalaron por sus pálidas mejillas.
La visión fue suficiente para encender algo salvaje dentro de Cedric.
Al día siguiente, Alexander se sentó en la oficina de Daniela con una nueva propuesta, esperando a que ella regresara todo el día.
Nina preguntó: «¿Por qué Daniela no vino a trabajar hoy? Suele estar aquí antes que nadie».
Natalie entrecerró los ojos, sintiendo el familiar ardor de los celos.
Ya había revisado las imágenes de vigilancia: Daniela se había quedado en la oficina hasta casi medianoche. Momentos después, Cedric había llegado y se la había llevado con una urgencia que no se parecía en nada a su habitual indiferencia.
¿Qué le había hecho actuar con tanta prisa?
¿Qué había causado un cambio tan inesperado en su comportamiento?
No costó mucho reconstruirlo.
Los pensamientos de Nina reflejaban los de Natalie, y ella inclinó la cabeza, su tristeza se apoderó de ella como una nube pesada.
Natalie apretó los labios y luego abrió la puerta de la oficina del director general.
—Señor Bennett, ¿quizás es hora de que regrese?
Alexander entrecerró los ojos, la irritación brilló en su rostro.
«¿Qué está tramando Daniela exactamente? ¿Me está evitando intencionadamente, sin molestarse siquiera en venir a trabajar?». Un destello de desdén cruzó el corazón de Natalie.
Alexander realmente se tenía demasiado en alta estima. ¿Qué había visto Daniela en él?
Pero mantuvo su sonrisa serena.
«Estás pensando demasiado. Daniela no es así. Es solo que…».
Hizo una pausa, dejando que el aire de misterio flotara entre ellos.
Alexander se inclinó hacia delante, con la curiosidad picada.
—¿Qué pasa?
—Es que hoy no es un buen día.
Alexander se puso rígido, procesando sus palabras. Miró fijamente a Natalie, cuya expresión parecía casi demasiado inocente. Ella se rió entre dientes, con tono ligero.
—Cedric parece tener bastante apetito cuando se trata de… ciertas cosas. Y la salud de Daniela es delicada. A menudo, después de esas noches, está demasiado agotada para trabajar al día siguiente.
Natalie suspiró profundamente, sacudiendo la cabeza como si sintiera lástima por la situación.
—Parece que Cedric no sabe cuándo dar un paso atrás.
Echó una pequeña risa, con los ojos brillantes.
—Pero estoy segura de que entenderás el panorama general y actuarás en consecuencia. He oído que Daniela no quería que Cedric volviera anoche, pero él se puso hecho una furia y ella tuvo que convencerlo durante horas.
Natalie observó cómo el rostro de Alexander se ensombrecía, la satisfacción burbujeando en su interior mientras mantenía un tono casual.
«Simplemente no entiendo por qué aguanta tanto a Cedric. Si me preguntas, tú eres mucho más guapo que él».
Ante el cumplido, Alexander la miró con dureza, sus ojos se agudizaron.
«¿De verdad?».
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