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Capítulo 52:
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Keith parpadeó, vaciló y murmuró: «Vale, entonces».
Cuando Daniela terminó de hablar con los maestros y salió de la sala de conciertos, ya era tarde.
No había previsto encontrar a Keith y Alexander merodeando por la entrada.
Tan animado como siempre, Keith gritó rápidamente: «¡Daniela!».
Daniela levantó la vista brevemente y Keith y Alexander empezaron a dirigirse hacia ella.
Antes de que pudiera siquiera acercarse, Keith ya estaba sonriendo, con la voz rebosante de elogios.
«Daniela, ¡has estado increíble esta noche! No tenía ni idea de que tuvieras este tipo de habilidad».
La sonrisa de Daniela fue breve y educada, pero no llegó a sus ojos. Era obvio que no estaba interesada en charlar.
«Gracias», dijo secamente, y luego se dio la vuelta para irse.
Al darse cuenta de que estaba a punto de irse, Keith añadió rápidamente: «Por cierto, Alexander también vio tu actuación. Le pareció increíble».
Al oír esto, Daniela se detuvo en seco. Lentamente, giró la cabeza y sus ojos se clavaron en Alexander.
Keith, al darse cuenta, bajó rápidamente la mirada. No pudo evitar pensar que Daniela todavía sentía algo por Alexander.
Sin embargo, Daniela dijo: «Sr. Bennett, ha estado usted inusualmente atento esta noche. Es la primera vez».
La forma en que enfatizó «es la primera vez» estaba llena de un sarcasmo evidente, que no dejaba lugar a dudas sobre lo que quería decir.
El momento se sintió cargado. Sus palabras fueron un agudo recordatorio del incidente del incendio de su matrimonio.
Keith se quedó paralizado, con los ojos fijos en Daniela como si la viera bajo una luz completamente nueva.
Ella no era como la que él recordaba. Estaba aguda, serena, como si se hubiera vuelto más inteligente.
Con el ceño fruncido, Alexander se dio la vuelta para irse, pero Keith lo detuvo agarrándole el brazo.
Keith esbozó una sonrisa y sacó una tarjeta de visita, entregándosela a Daniela.
«Sra. Harper, ya nos hemos visto antes, en su boda con Alexander. Soy uno de sus amigos íntimos, Keith Clayton. Solo Keith».
Daniela podría haber cogido la tarjeta si él no hubiera mencionado el nombre de Alexander. Pero cuando lo oyó, no se molestó en cogerla.
«Estoy fuera de horario. No mezclo los negocios con el tiempo personal. Si necesitas algo, habla con mi secretaria».
La sonrisa de Keith vaciló un poco, su actitud alegre desapareció por un segundo.
«No son negocios. Solo pensé que podríamos ser amigos».
Lillian frunció el ceño ante sus palabras y empezó a intervenir, pero Daniela levantó una mano, deteniéndola.
—Ya no estoy casada con Alexander. Sus amigos no serán los míos. Si eso es todo, por favor, discúlpenme.
Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y empezó a alejarse. Cuando se acercó a su coche, Keith vio al nieto del director de la sala de conciertos sujetándole la puerta con entusiasmo.
A diferencia de la fría indiferencia que había mostrado tanto hacia Keith como hacia Alexander, Daniela le sonrió cálidamente al joven.
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