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Capítulo 495:
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Katrina dejó escapar un profundo suspiro. En su opinión, la historia de Joyce (tener un hijo, terminar un matrimonio y quedarse con un amante) significaba que nunca encontraría a nadie mejor que Alexander.
Sacudió la cabeza.
«Te arrepentirás de esto, Joyce.
Ya lo verás».
Joyce soltó una carcajada, con evidente incredulidad.
«No, no me arrepentiré. Mamá, le estoy enviando un mensaje a Milo. Vendrá a cenar mañana. ¡Voy a casarme con él!».
Katrina sintió como si el peso del mundo se derrumbara sobre ella, completamente agotada por las decisiones de Joyce. Mientras tanto, Daniela ignoró por completo la conversación, agotada por completo su paciencia con el drama familiar. Johan se inclinó hacia Daniela, con voz baja y susurrante.
«¿Te has enterado? Joyce acaba de finalizar su divorcio». Esa noche, Johan vio una oportunidad.
Con los amigos de Cedric y Daniela ausentes, era el momento perfecto para él.
Johan intercambió una mirada cómplice con Katrina, que comprendió su intención tácita. Cuando ella empezó a compartir su plan de hipnotizar a Daniela con Joyce, esta última salió por la puerta.
El silencio en la sala de estar fue inmediato y espeso. Katrina, visiblemente tensa, se sentó en el comedor, observando la olla de fondue burbujear sin darse cuenta.
Unos momentos después, la voz de Johan llegó desde la sala de estar.
Había llegado la hora, tranquila pero definitiva.
«Ya está hecho».
Conmocionada, Katrina se levantó de un salto de su asiento, su silla tambaleaba peligrosamente detrás de ella.
Johan, sorprendido por su repentino movimiento, corrió a su lado.
«Cálmate», le susurró con voz urgente. Katrina asintió rápidamente, con la respiración aún temblorosa.
Juntos, se acercaron sigilosamente a Daniela.
Sentada inmóvil en el sofá, Daniela parecía perdida, con la mirada distante y desenfocada, como si estuviera en otro mundo.
Johan lanzó una mirada inquisitiva a Katrina.
«¿Qué debo hacer ahora?».
La mirada de Katrina se volvió fría, clavándose en Daniela con una intensidad casi venenosa. Su voz estaba entreverada de hielo cuando le habló a Johan.
«Llévala a la azotea».
Johan, que comprendía la intención de Katrina, asintió sutilmente.
Actuó con rapidez, guiando a Daniela con manos firmes.
El viento aullaba con fuerza en el balcón, y su fuerza tiraba del largo vestido de Daniela mientras ella permanecía allí, casi inmóvil.
La tela ondeaba hacia arriba, atrapada por las fuertes ráfagas. Su cabello estaba revuelto, lo que añadía una capa extra de fragilidad a su ya delicada apariencia.
Katrina preguntó: «No se despertará sola, ¿verdad?».
Johan se rió entre dientes mientras chupaba una piruleta.
«A menos que alguien diga su nombre. Relájate, ya lo has hecho antes, hace quince años, ¿recuerdas? Eres una profesional».
Johan sacó su teléfono y continuó: «Vale, solo unos pasos más y habremos terminado. Bajaré las escaleras para cubrir mis huellas. Transfiere el dinero ahora. Me largo después de esto».
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