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Capítulo 490:
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«¿Qué tal doce millones?».
«Ocho millones», replicó Daniela sin perder el ritmo. El corazón de Katrina dio un vuelco.
«¿Por qué bajar el precio, Daniela?». Apretó la perla con más fuerza.
«Doce millones ya está por debajo del precio de mercado».
«Seis millones».
A Katrina se le hizo un nudo en el estómago.
«Esto no es justo…».
«Cinco millones».
Los ojos de Katrina se abrieron de par en par, consternados.
Daniela le dedicó una sonrisa escalofriante y desdeñosa, destrozando las esperanzas de Katrina en un instante.
La voz de Daniela era gélida, su compostura inquebrantable.
—Katrina, no estás en posición de negociar. Francamente, no estoy interesada en esa perla. ¿Pero qué pasa con el aprieto de Joyce? ¿No te dio como fecha límite esta noche para conseguir los fondos? Imagina lo que pasará si no lo consigues mañana. Muy pronto, toda la ciudad estará llena de historias sobre tu hija y sus interminables escándalos.
Katrina era muy consciente de que presentar el artículo en una subasta supondría una larga espera, esperando contra toda esperanza que apareciera el comprador adecuado.
Un proceso así podría prolongarse durante varias semanas angustiosas.
Sin embargo, Joyce no podía permitirse el lujo de retrasarse.
Tanto Daniela como Katrina reconocieron la urgencia.
Cuando Josie le entregó a Daniela un plato rebosante de fruta fresca, Daniela lo aceptó y luego declaró con fría firmeza: «Cuatro millones. Di otra palabra y no me lo pensaré dos veces».
Sin esperar respuesta, Daniela se levantó y subió las escaleras.
Al ver la espalda de Daniela alejándose, la frustración de Katrina estalló y se mordió el labio con fuerza, con la mirada ardiendo de indignación. Acorralada y sin opciones, cedió con voz tensa.
«¡Está bien! ¡Cuatro millones!».
Ante la capitulación de Katrina, Daniela detuvo su ascenso, deteniéndose en las escaleras de arriba para echar una mirada panorámica hacia abajo.
Por un instante, Katrina sospechó que Daniela recordaba la perla. Parecía que Daniela siempre supo que estaba destinado a ser el regalo de su madre.
Antes de que Katrina pudiera asimilar el momento, Cedric le quitó la perla.
«Te he transferido los cuatro millones».
Los ojos de Katrina se dirigieron a su teléfono, confirmando que la transacción había finalizado.
«¿No se suponía que Daniela se encargaría del pago?», preguntó a Cedric.
—No tiene que preocuparse por pagar algo tan insignificante. Ya me he encargado yo. Dicho esto, Cedric se dio la vuelta y subió las escaleras, con la perla en la mano. Quedando sola, Katrina se aferró al teléfono, con los dedos blancos de tanto apretarlo.
Una oleada de humillación la invadió: había sacrificado su orgullo por dinero, solo para ser manipulada por Daniela.
Cedric, aparentemente ajeno al peso de su gesto, pagó con indiferencia como si la cantidad fuera de apenas cuatro dólares.
Katrina hervía de resentimiento.
No podía evitar preguntarse por qué su propia hija no se había casado con alguien tan influyente como Cedric. ¿Qué cualidades poseía Daniela que Joyce parecía carecer?
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Nota de Tac-K: Lindo fin de semana queridas lectoras!, Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. (=◡=) /
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