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Capítulo 323:
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Alexander pasó junto a él con paso firme, su rostro sin expresión. Sin decir palabra, tomó una copa, la llenó de vino y bebió profundamente.
Keith abrió los ojos con alarma.
—¡Espera! Ese vino vale decenas de miles de dólares y lo estás bebiendo como si fuera agua.
Alexander no respondió al comentario. Bajó la mirada hacia su copa y observó cómo el vino se arremolinaba perezosamente en su interior. Sin querer, sus pensamientos volvieron a Daniela. Sus grandes y expresivos ojos. La elegante curva de su nariz. Siempre había sido reservada, y solo hablaba cuando era necesario. Cuando sonreía, le aparecían unos leves hoyuelos en los bordes de los labios, que suavizaban su actitud, normalmente seria.
¿Lo había amado de verdad durante una década?
El mundo a menudo lo tachaba de frío, distante, incluso despiadado.
Pero, ¿era realmente así?
Solo él sabía la respuesta.
Recordó una época en la que había intentado llevar su relación a un nivel más profundo, tanto emocional como físicamente.
En realidad, había querido tener sexo con ella. Pero no había sido directo con ella.
Su dinámica siempre lo había colocado en la posición de ser perseguido. Ella era la que perseguía y él era el que permanecía intocable en su pedestal.
Cuando finalmente abordó el tema, lo hizo con orgullo y un aire de superioridad.
Sin embargo, su respuesta no fue la que había anticipado. Al principio no parecía entenderlo, o tal vez decidió no hacerlo. En cualquier caso, su rostro reflejaba conmoción y confusión.
Era casi como si la idea de la intimidad física nunca se le hubiera ocurrido. Parecía como si la idea de estar tan cerca nunca se le hubiera pasado por la cabeza.
Al día siguiente, le había entregado un reloj caro.
«¿Qué se supone que significa esto?», preguntó, sabiendo ya la respuesta.
El regalo no era solo un regalo. Era su intento tácito de compensación por rechazarlo.
Sin embargo, Daniela no se atrevía a explicárselo. Se había quedado junto a la puerta, manteniendo deliberadamente la distancia. En ese momento, Alexander notó algo que no había visto antes.
Había hecho todo lo posible por él. Sus delicadas manos, entrenadas en el piano, habían dominado los coches de carreras solo para impresionarlo. Pero esas mismas manos nunca habían llegado a las suyas.
Bebía mucho más de lo que podía para igualar su energía temeraria. Había arriesgado su vida conduciendo a toda velocidad por pistas peligrosas por la noche solo para compartir su mundo.
Sin embargo, nunca se acercó más. Nunca le dio ni el más mínimo indicio de afecto más allá de sus acciones.
Se presentaba al amanecer para llevarlo a casa después de sus noches de borrachera, cuando apenas podía mantenerse en pie. Pero ni una sola vez había intentado intimar con él mientras estaba borracho.
Nunca cruzó ese límite tácito entre ellos.
Para todos los demás, el amor de Daniela por él parecía innegable.
Era algo que la gente decía una y otra vez.
Todos lo creían.
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