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Capítulo 314:
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«Oh, ¿estabas guardando un regalo de boda para mí con los fondos operativos de la empresa?».
Caiden se quedó momentáneamente sin palabras.
Daniela continuó: «Entonces, para aclararlo, si este dinero genera beneficios futuros, ¿puedo restarlos de tu parte de los dividendos de la empresa?».
Caiden se quedó atónito, cuestionando su implicación.
«¿Cuál es el problema?», preguntó Daniela con tono agudo.
«¿No es aceptable? ¿O ya estás retractándote de tu promesa?».
Antes de que Caiden pudiera responder, Katrina intervino con una sonrisa forzada.
«¡Por supuesto que es aceptable! ¿Por qué no iba a serlo? Daniela, eres de la familia. Lo que es tuyo es tuyo. Ahora mismo andamos justos de dinero, pero ten por seguro que recibirás todo lo que te corresponde.
Daniela asintió levemente en señal de reconocimiento. Luego, como si fuera el paso más lógico, metió la mano debajo de la mesa y sacó una hoja de papel en blanco.
En ese caso, formalicémoslo. Escríbeme un pagaré.
La sonrisa de Katrina se tensó.
—Daniela, ¿es eso realmente necesario entre familiares? Parece tan impersonal, ¿no? Estamos unidos en esto, y nuestra palabra es sólida.
No necesitas un documento para confirmarlo.
La idea de emitir un pagaré, un reconocimiento vinculante de deuda con Daniela, era intolerable para Katrina.
Solo había sido un gesto de apaciguamiento, una solución temporal.
Pero la insistencia de Daniela en formalizarlo marcó un cambio serio.
Katrina mantuvo su sonrisa de yeso, apenas logrando navegar a través de la tensión.
Justo cuando estaba inventando una excusa, Joyce, sin apartar la vista del teléfono de Lillian, dijo con indiferencia: «Mamá, hay un bolígrafo en el armario. Trae el negro, deja una marca más clara».
El corazón de Katrina casi se detuvo. Miró embobada a Joyce, con la mente dando vueltas, incrédula. ¿Era esta tonta su propia hija? Caiden, al ver que no había escapatoria, cogió a regañadientes el bolígrafo y empezó a escribir el pagaré.
Cuando llegó a especificar la cantidad, dudó. En lugar de los asombrosos 80 millones, escribió solo 1 millón.
Daniela captó la cifra y se rió entre dientes.
«¿Un millón? ¡Qué generoso!».
«Daniela, conoces mi situación. No me estoy haciendo más joven y los fondos son escasos. Esto es todo lo que he podido reunir, ahorrando centavo a centavo».
Daniela apenas pestañeó. No había vuelto por su riqueza. Con un gesto desdeñoso, se dio la vuelta y llamó: «Josie».
Josie salió rápidamente de la cocina, con una sonrisa radiante, y le entregó a Daniela un plato adornado con fruta.
—¿Qué pasa?
Daniela le entregó entonces el pagaré.
Josie echó un vistazo al papel.
—Esto es un millón —declaró Daniela con claridad.
—¡Gástatelo en aperitivos para Dodo!
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