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Capítulo 211:
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Daniela mordisqueó un pequeño trozo de pan mientras sus ojos recorrían su agenda del día.
De repente, Lillian pensó en cierto hombre de la obra y sintió una punzada de simpatía. Nunca había sido testigo de tanta devoción, de una persona que no pedía nada a cambio, ni siquiera un reconocimiento.
Pensó que sería duro dejar a Cedric trabajando en la obra.
—Hoy tenemos una inspección. ¿Qué tal si visitamos el terreno en el Distrito Norte? Daniela asintió levemente.
Ryan, que estaba a pocos metros de distancia, le guiñó un ojo desesperadamente a Lillian, pero ella fingió no darse cuenta.
Después de que Daniela bajara las escaleras para ir a trabajar, Ryan se volvió hacia Lillian, frunciendo el ceño.
«¿Qué pasa? Cedric nos pidió que no le dijéramos a Daniela que él está dirigiendo personalmente el proyecto, para no añadirle más presión».
Lillian cruzó los brazos, claramente frustrada con los dos hombres despistados.
«¿Quieres que Daniela termine con Cedric o no?».
Ryan asintió con entusiasmo.
«¡Por supuesto que sí!».
Lillian insistió: «Uno de ellos tiene que dar un paso al frente, dejar claros sus sentimientos y demostrar que está presente. Mira a Alexander, está en Elite Lux todos los días. Mientras tanto, Cedric está ahí fuera ensuciándose en la obra. Para cuando vuelva dentro de un año, Daniela y Alexander podrían tener hijos». Ryan se mostró visiblemente sorprendido por la idea.
Josie apareció de la cocina, espátula en mano, claramente de acuerdo con la conversación.
«¡Exacto! ¿Qué clase de hombre persigue a una mujer mientras desaparece durante todo un mes para trabajar en una obra? ¡Es ridículo!».
Cuando Daniela bajó las escaleras, Alexander ya estaba allí, esperándola en su oficina.
Se levantó y la saludó con una sonrisa.
«Buenos días».
Daniela asintió, se sentó y empezó a trabajar en su ordenador sin decir palabra.
Alexander esperaba que hoy se mostrara un poco más cálida, pero en cambio, se mantuvo tan indiferente como siempre, tal vez incluso un poco más fría.
«¿Has visto el tema de moda esta mañana?», preguntó Alexander, tratando de entablar conversación.
Daniela mantuvo la vista en la pantalla, sin responderle.
El silencio en la oficina empezó a carcomer a Alexander, y su irritación aumentaba con cada segundo que pasaba.
El constante desinterés y la actitud desdeñosa de Daniela hacia él le habían hecho sentirse invisible, marginado en sus propios esfuerzos.
Ahora, comprendía de verdad cómo debía haberse sentido ella cuando él la ignoró y la descuidó todas esas veces.
—¿Es esta tu forma de vengarte de mí? —preguntó Alexander, mirándola fijamente.
En ese momento, la secretaria llamó antes de entrar.
«Sra. Harper, el coche está abajo y los topógrafos de los terrenos de los distritos Sur y Norte están listos. ¿Salimos?».
Daniela respondió: «Sí, estoy casi lista. Dile al conductor que traiga el coche a la entrada principal».
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