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Capítulo 204:
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«Deja de hablar así, Joyce», replicó Caiden con dureza.
«Siguen siendo familia, y darles la espalda es cruel. ¿O te gusta verlos luchar por sus vidas?».
Tumbada en el sofá, con una manzana en la mano, Joyce puso los ojos en blanco y resopló.
—Ese es su dilema, no el mío. Si lo que necesitas es ayuda, acude a Daniela. Siempre está dispuesta a hacerse la mártir.
Caiden se hundió en su teléfono, con el rostro cada vez más pálido, como si toda la sangre se le hubiera esfumado.
Antes de que pudiera pronunciar otra palabra, Joyce colgó bruscamente.
Una profunda tristeza lo envolvió.
Esta era la familia que había apreciado durante más de una década. Sin alternativas, Caiden llamó apresuradamente a un taxi para que lo llevara a casa.
Al llegar, al ver que Katrina no estaba, se volvió a regañadientes hacia Joyce para pedirle ayuda económica.
Con un toque de reticencia en la voz, Joyce dijo: «Está bien, pero considéralo un préstamo.
Vas a tener que devolvérmelo, con intereses. Familia o no, el dinero es el dinero».
Luego procedió a transferirle diez mil dólares. Cuando confirmó la transacción, Caiden vio inadvertidamente el saldo de su cuenta, una asombrosa cantidad de ceros a continuación.
Había estado proporcionando a Katrina y Joyce una generosa asignación mensual, que se acumulaba hasta superar el millón de dólares al año.
Sin embargo, ahora, en su momento de necesidad, una había desaparecido y la otra le entregó a regañadientes solo una fracción de su riqueza.
Caiden sintió que una profunda sensación de pobreza lo invadía.
En su sombrío viaje de regreso al hospital, reflexionó con amargura que depender de Joyce había sido una esperanza inútil desde el principio.
A su llegada, encontró a Daniela ya esperando.
Mientras el personal del hospital le explicaba los elevados gastos que suponía, Caiden, a quien nunca antes le habían preocupado los problemas económicos, cerró los ojos con amarga decepción.
Peyton, abrumada por la suma mencionada, rompió a llorar.
«No podemos pagar el tratamiento. Déjenme ir ya».
Al ver la angustia que invadía la habitación, Daniela salió a hablar con el médico y le preguntó: «¿Puede decirme exactamente cuál es la situación?».
Después de atar cabos, hizo una breve llamada telefónica. De vuelta con Caiden, anunció: «Un cirujano de primera categoría supervisará la operación. Ha revisado las tomografías y no ve nada preocupante. Llega esta noche, descansará mañana por la mañana y está programado para la intervención por la tarde».
Ronald bajó los hombros mientras exhalaba profundamente, un peso visible que se le quitó con la noticia.
«Wyatt y Peyton no tienen ningún problema grave, solo necesitan cuidados adecuados», afirmó Daniela con voz firme.
«A menos que haya algo más, me iré ahora».
Mientras se dirigía hacia la salida, Caiden la seguía con pasos inseguros.
«Gracias».
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