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Capítulo 1749:
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Duran respondió: «Papá, se lo pregunté. ¡Dijo que no había problema!».
Hamilton ladró: «¡Ni hablar! Daniela está embarazada. El olor de la parrilla es demasiado fuerte. ¿Y si le da náuseas?».
Damon suspiró: «Está a punto de dar a luz. Ya no va a tener náuseas matutinas».
Hamilton se mantuvo firme: «¡Basta! ¡No habrá barbacoa!».
Toda la familia se vio envuelta en la ruidosa discusión.
La puerta principal de la villa quedó abierta de par en par. Desde la distancia, Daniela vio a varios niños sentados en el suelo, construyendo torres con bloques. Daniela miró a Cedric y él le devolvió la mirada.
Ella sonrió. «Son un grupo muy animado».
Cedric mantuvo una expresión estoica. «Desde luego».
Entraron. Alguien los vio y gritó: «¡Eh, vosotros dos!».
Hamilton ladró: «¡Mostrad un poco de respeto!».
En ese momento, Daniela vio a Hamilton salir de la casa. «¿Dónde habéis ido a dar el paseo? Os he estado buscando por todas partes».
Él había querido traerles un paraguas. Su ropa estaba ligeramente húmeda.
Daniela dijo: «Empezó a llover, así que dimos una vuelta en coche».
Hamilton les instó: «Entrad rápido. Id a daros una ducha caliente».
Entraron mientras Hamilton seguía hablando sin parar.
La sala estaba llena de gente. En cuanto Daniela y Cedric entraron, todos los saludaron calurosamente, con caras radiantes y sonrisas.
Daniela y Cedric subieron a darse una ducha. Desde abajo, se oía el sonido de las risas de los niños mezclado con el ruido de la televisión y las conversaciones de los McCoy sobre un drama que se veía en la pantalla. Ese tipo de calidez era desconocido tanto para Daniela como para Cedric.
Después de ducharse, Daniela se sentó en una silla, perdida en sus pensamientos. Cedric se acercó, cogió el secador y le secó el pelo con delicadeza. Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa.
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Sus reflejos se encontraron en el espejo. Daniela dijo: «¿Ves? Deberías sonreír más. Cuando no lo haces, todos piensan que eres demasiado severo y te tienen miedo».
Cedric había estado tenso todo este tiempo. El primer embarazo de Daniela no había terminado bien. Ahora era demasiado cauteloso, casi manteniendo a todo el mundo a distancia. Era difícil culparlo. La ama de llaves que les había hecho perder al bebé era alguien en quien Cedric confiaba. La culpa aún pesaba mucho sobre él. Naturalmente, ahora estaba más alerta.
Daniela se mantuvo cerca de él, callada y gentil, mientras el ruido de la planta baja llenaba la casa. Finalmente volvió a hablar. «Todo eso ya quedó atrás. Los bebés estarán sanos. Cedric, tendremos una familia feliz. No estés triste».
Cedric sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Bajó la mirada, dejando entrever un destello de tristeza, algo que nunca hacía delante de los demás. «Está bien».
El suave zumbido del secador de pelo llenó la habitación.
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