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Capítulo 171:
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Alexander seguía preocupado por la letra, devanándose los sesos para recordar dónde la había visto por última vez, pero el recuerdo seguía siendo esquivo.
Con eso, la familia Bennett se alejó, su coche desapareciendo en la distancia.
Caiden no dio garantías; su silencio lo decía todo.
Los gritos de Katrina resonaron en la sala de estar, sus hombros temblaban de emoción.
Con evidente frustración, Caiden llamó al conductor, que inmediatamente vino a recogerlo.
Justo cuando Caiden entraba en el coche que lo esperaba, la voz de Katrina resonó en el aire desde atrás.
«¿Te vas?».
Sin prestar atención a Katrina, Caiden hizo un gesto al conductor para que arrancara el coche y se marchara.
Mirando por el retrovisor, el conductor preguntó: «¿Hacia dónde nos dirigimos, señor?».
Tras una breve pausa, Caiden murmuró: «Elite Lux».
El conductor asintió sutilmente, pisó el acelerador y el coche arrancó.
Cuando llegaron a Elite Lux, las gotas comenzaron a salpicar el suelo. Recién salida de un banquete, Daniela apareció con un vestido blanco plateado que acentuaba su elegancia.
Un guardia de seguridad le ofreció un pañuelo. Con una sonrisa cálida y sincera, ella aceptó, murmurando: «Gracias».
Su sonrisa reflejaba una calidez profunda y genuina que recordaba a su madre. Una oleada de arrepentimiento se apoderó de Caiden. Al darse cuenta de sus defectos como padre a lo largo de los años, abrió impulsivamente la puerta del coche y gritó: «Daniela».
Daniela, adornada con largos pendientes que rozaban delicadamente sus mejillas, se volvió y encontró a Caiden bajo el sombrío cielo lluvioso.
Daniela vaciló brevemente antes de salir, con un tono tranquilo y cortés.
—¿Necesita algo, Sr. Harper?
Caiden la miró fijamente, dándose cuenta de que la niña que una vez se sentaba en las escaleras comiendo había florecido en una joven serena.
Por fin pronunció sus palabras, pero un ligero temblor delató su compostura.
—Recuerdo que Katrina solía reírse de que nunca te sentabas a la mesa, sino que preferías las escaleras. ¿Tenía razón?
El aire de la noche no era especialmente fresco, pero las palabras de Caiden hicieron que Daniela volviera a una infancia teñida de soledad. Su sonrisa se apagó un poco mientras murmuraba: «No lo recuerdo».
En aquellos días, la habían pasado por alto, era invisible. Y ahora, no estaba dispuesta a entretener arrepentimientos tardíos.
Al aferrarse a su rencor, se arriesgaba a ser vista como una persona completamente carente de compasión.
Arriba, Josie había preparado una olla humeante de sopa, y el timbre de una llamada telefónica atravesó la tranquila noche.
Después de colgar, Daniela mantuvo la compostura y asintió hacia Caiden, con voz firme.
«El pasado ha quedado atrás. Ahora tengo la suerte de tener gente que se preocupa por mí. Sr. Harper, adiós».
Con esas palabras, Daniela se dio la vuelta y se alejó a grandes zancadas.
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