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Capítulo 1520:
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Nikolas apenas había cruzado la entrada cuando alguien lo empujó dentro y cerró la puerta de un portazo.
Desde fuera, la secretaria gritó: «Sr. McCoy, espere aquí, por favor. Su padre está en camino».
Nikolas se dio la vuelta, atónito. No podía creerlo. Su propio padre lo había metido en este lío.
Sin pensar, buscó su teléfono y marcó un número antes de que su cerebro pudiera reaccionar.
De camino a casa, Nikolas se sentó en silencio, con los pensamientos acelerados. ¿Por qué había llamado a Daniela? ¿De entre todas las personas?
Repitió el momento una y otra vez hasta que la respuesta quedó clara.
Daniela tenía una forma de hacer que la gente se sintiera completamente segura, como si todo lo que se le confiara estuviera protegido sin falta.
—Daniela —dijo Nikolas mientras se derrumbaba sobre una rodilla, tratando de mantenerse erguido mientras hacía la llamada.
—¿Nikolas? —respondió Daniela, con tono confuso.
—Si llamas a Carol para pedirle algo de comer a medianoche, te has equivocado de número.
Nikolas observó cómo la niebla se colaba por la rejilla de ventilación. Rápidamente dijo al teléfono: —¿Estás libre ahora? ¿Puedes venir al Saint Sea Resort y sacarme de aquí?
El tono de Daniela se agudizó de inmediato.
—¿Qué pasa?
Nikolas se tambaleó ligeramente.
—No me encuentro muy bien —murmuró.
Justo después, el teléfono se le resbaló de los dedos y cayó al suelo con un suave golpe.
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La voz de Daniela se oyó débilmente a través del altavoz.
«Saint Sea Resort. Estaré allí en cinco minutos. Si empiezas a encontrarte peor, ve al baño y échate agua fría en la cara. Intenta mantenerte despierto».
Nikolas logró articular un débil «vale» antes de que se cortara la línea.
No sabía por qué se sentía así. Aun así, oír la voz de Daniela le tranquilizó un poco. Nikolas esbozó una pequeña sonrisa amarga.
Nunca imaginó que caería tan fácilmente en la trampa de su padre.
Una voz llamó desde fuera de la puerta.
—Señor McCoy, Damon y Nikolas no están cooperando, pero los demás están esperando en sus habitaciones. Ya puede traer a la princesa. Se oyeron pasos.
Nikolas supuso que era Hamilton. Se obligó a levantar la cabeza, pálido y tembloroso, justo a tiempo para ver cómo la puerta se abría de una patada violenta.
Daniela irrumpió en la habitación. Carol la seguía de cerca.
Nikolas los miró, paralizado por la conmoción.
Carol se agachó a su lado y le sujetó el brazo.
—¿Estás bien? —le preguntó con delicadeza.
Nikolas quiso negar con la cabeza. Antes de que pudiera responder, la voz estridente de la secretaria resonó en el pasillo.
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