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Capítulo 1508:
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Estaba claro que aún no había experimentado el verdadero significado de un estilo de vida lujoso. Una vez que se viera atraído por el mundo de la riqueza y el lujo, cambiar de lealtad le resultaría muy fácil.
Hamilton captó el gesto de aprobación de su secretaria y sonrió con satisfacción.
—Sr. McCoy, ¿cuál es el plan? —preguntó el secretario.
—Cedric no está dispuesto a dejar a Daniela. ¿Cómo piensa atraerlo a la vida lujosa?
Hamilton sonrió.
«Cedric está preocupado por Daniela, ¿no? Solo dile que el Grupo McCoy está a punto de lanzar una importante colaboración y reunir socios. Dudo que pueda resistir la tentación. Haz que nuestros contactos en la empresa de Daniela filtren la noticia. Cedric vendrá a mí de buena gana».
Últimamente, Cedric había estado provocando a Hamilton más veces de las que estaba dispuesto a admitir. Estaba perdiendo la noción de quién tenía realmente el poder: si su padre o su hijo. Tenía que reafirmar su dominio sobre Cedric o arriesgarse a perder el control en el futuro.
El secretario dudó y preguntó: —¿Y Daniela? Nikolas no parece dispuesto a intervenir. ¿Deberíamos buscar a otra persona para manejarla?
Hamilton endureció el rostro y su voz se volvió gélida.
—Deja a Daniela en espera por ahora. Cuando Cedric caiga en la trampa del estilo de vida lujoso y la abandone, le daré una lección y me aseguraré de que nunca vuelva a crecerse tanto.
El secretario se rió entre dientes.
—Sr. McCoy, sus planes son brillantes. Por muy fuerte que sea Daniela, no puede escapar de su alcance.
Una sonrisa oscura y siniestra se dibujó en el rostro de Hamilton.
A la mañana siguiente, Arthur Avila, el director del departamento de marketing, llamó suavemente a la puerta del despacho de Cedric y Daniela. Al ver la silla vacía de Cedric, Arthur decidió marcharse.
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Daniela levantó la vista y preguntó: «¿Vienes a ver a Cedric?».
Arthur asintió con la cabeza, agarrando con fuerza un expediente. «Sí. Ahora no está, así que volveré en otro momento».
Daniela respondió con naturalidad: «Ha salido a inspeccionar una obra esta mañana. ¿Qué hay en el expediente? Dámelo, yo se lo daré».
Arthur esbozó una sonrisa incómod. «No es necesario. Él siempre se encarga personalmente de esta colaboración. Se lo comunicaré más tarde».
Al principio, Daniela no se lo tomó en serio. Sin embargo, la reacción de Arthur lo decía todo: se sonrojó, como si le hubieran pillado ocultando algo.
Daniela miró a Arthur con una mirada fría e inquebrantable, y luego extendió la mano.
«Dámelo».
La habitual calma de Daniela se intensificó. Cuando lo miró a los ojos, su mirada era penetrante e intimidante.
Arthur casi deja caer el expediente, sorprendido por su actitud gélida.
Carol frunció el ceño mientras se acercaba.
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