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Capítulo 1482:
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Una risa aguda se escapó de los labios de Daniela.
—¿Qué más quieres? ¿Quieres que te dé una paliza?
Confuso, Nikolas se quedó en la puerta, dividido entre la vergüenza y el alivio.
Sin mirarlo, Daniela fijó su atención en la televisión.
—Ya he dicho todo lo que tenía que decir. No tiene sentido repetirlo. Además, que tu padre haya secuestrado tu puja solo demuestra que reconoce tu valía, lo admita o no. Habla mucho, pero créeme, te está observando. Toma la advertencia, aprende de ella y sigue adelante.
Pulsó el mando a distancia y cambió de canal con un movimiento de muñeca. Nikolas se quedó en el salón, luchando con sus emociones, hasta que finalmente se armó de valor y salió por la puerta. Daniela soltó una risita cuando él desapareció.
Al otro lado de la habitación, Cedric apenas levantó la vista de su libro de negocios, absorto como siempre.
Carol se inclinó hacia Daniela y bajó la voz.
—Hemos rastreado el último viaje de tu madre antes de morir: fue a Oiscoll. ¡Incluso visitó a la familia McCoy y vio a Hamilton!
Una chispa de acero iluminó la mirada de Daniela.
Carol, al percibir el cambio en su expresión, preguntó: —¿Deberíamos decírselo a Cedric?
Daniela miró pensativa a Cedric, sopesando sus opciones.
Cedric había estado explotando sin piedad todas las vulnerabilidades de los accionistas del Grupo McCoy, asestando cada golpe con precisión quirúrgica y sin darse ni un respiro.
—No hay necesidad de involucrarlo. Primero, concierta una reunión con Hamilton para mí. —El tono de Daniela era firme, su mente ya iba un paso por delante.
Carol estaba a punto de responder, pero su teléfono vibró con un nuevo mensaje. Al mirar hacia abajo, vio un mensaje de la secretaria sobre una cita.
Sin decir nada, le pasó el teléfono a Daniela.
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Los ojos de Daniela se entrecerraron al leer la pantalla. Hamilton la había invitado a reunirse mañana al mediodía, justo cuando Cedric estaría ocupado con su gran rueda de prensa.
Carol resopló con desdén. —Ha elegido esa hora a propósito para que Cedric no pueda acompañarte, ¿verdad? ¿Qué se trae entre manos?
Una sonrisa irónica se dibujó en los labios de Daniela.
—Hamilton solía menospreciar a Cedric, no le importaba lo que pensara. Ahora por fin lo ve como una amenaza. Quiere enfrentarse a mí sin que Cedric esté ahí para respaldarme.
Si Cedric estuviera allí, ¿cómo podría Hamilton decir esas palabras amenazantes? Carol puso los ojos en blanco, exasperada.
—¡Hamilton es tan astuto! Es lo peor. Simplemente negémonos a reunirnos con él.
Sin apartar la vista de la televisión, Daniela respondió con indiferencia: —Dile a la secretaria que me reuniré con él.
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