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Capítulo 1477:
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Una pizca de ansiedad cruzó el rostro de Nikolas mientras esperaba a que Cedric hablara.
Tras un breve silencio, Cedric dijo solo una palabra: «Fe».
La respuesta tomó por sorpresa a Nikolas, dejándolo sin palabras.
Cedric continuó: «Ya sabes cómo evaluar una situación y mantener las cosas bajo control. Tu juicio es acertado. Lo único que hice ayer fue señalar algunos detalles; ya vas por el buen camino. Lo que te falta no es habilidad, sino fe en ti mismo».
Nikolas se quedó paralizado, tratando de asimilarlo todo.
Mientras la luz del sol entraba por la ventana, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
—¿De verdad crees que lo que me falta ahora mismo no es habilidad?
Nikolas había perdido la cuenta de cuántas veces había oído esa frase.
Desde el momento en que comenzó a labrarse su propio camino, innumerables voces habían repetido el mismo juicio. Nunca se lo había creído.
Toda una vida encasillado en los planes de su padre y descartado como algo secundario se le había metido bajo la piel. ¿Quién era él para creer que podía hacer algo extraordinario?
Había pasado años siguiendo los pasos de su padre, aferrándose a la visión de otra persona, sin atreverse nunca a confiar en la suya propia.
Pero cuando Cedric le señaló su falta de fe en sí mismo, quiso creerle.
La idea lo sorprendió. No sabía de dónde había salido esa esperanza.
Nunca antes había confiado en las palabras de nadie.
Y, sin embargo, en ese momento, deseaba desesperadamente que fueran ciertas.
Apretó con fuerza el borde de la propuesta del proyecto, hasta que se le pusieron blancos los nudillos. Con los ojos enrojecidos por una noche sin dormir, se volvió hacia Daniela.
Ella lo miró a los ojos, con firmeza y seguridad.
—Como tu mayor defensora, estoy de acuerdo con Cedric. Nikolas, ya no eres la persona que solías ser. Este es tu momento. Haz que te presten atención.
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Carol no dudó al afirmar: —Ahora es el momento de que aprendan a temerte.
Las palabras lo atravesaron como un rayo. Nikolas respiró con dificultad.
—Ahora es el momento de que aprendan a temerme.
Y con eso, salió disparado de la habitación, impulsado por una resolución repentina e imparable.
Cedric se sentó a la mesa, con el cuchillo y el tenedor en la mano, listo para empezar a comer.
Un estruendo atronador resonó en la villa cuando la puerta principal se abrió de golpe.
Nikolas irrumpió en la sala, sin aliento y con los ojos desorbitados. Señaló con el dedo a los tres comensales, con la voz resonando con bravuconería.
«¡Ha llegado el momento! ¡Por fin voy a destacar!».
Antes de que nadie pudiera responder, dio media vuelta y salió corriendo por la puerta.
Los tres reanudaron la comida, sin inmutarse.
Carol dijo con indiferencia: «¿Todo esto por un acuerdo comercial? ¿Merece la pena ponerse así?».
Daniela le lanzó una mirada cómplice a Cedric.
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