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Capítulo 1468:
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«Daniela, he venido a llevarme a Alexander. Lo único que quiere es verte una última vez. Sé que el pasado es un lío enredado, pero Cedric fue demasiado lejos. Sí, Alexander se equivocó, pero no se merece este final. Por favor, Daniela. Está completamente destrozado. Necesita verte, solo esta vez. Te lo suplico».
Las lágrimas corrían por el rostro de Richard mientras suplicaba, la desesperación rompiendo su compostura.
La mirada de Daniela era fría e indescifrable, su postura perfectamente firme.
—Si no vas a ir con él, tendré que traértelo. No querrás montar una escena en tu propia empresa, ¿verdad? Te lo juro, déjalo verlo esta vez y no volveremos a molestarte.
Richard se tambaleó bajo el peso de sus emociones, a punto de desplomarse allí mismo, en el pasillo.
Dentro de la habitación del hospital, Alexander yacía envuelto en vendajes, apenas reconocible bajo las capas de gasas y férulas.
En cuanto vio entrar a Daniela, se le llenaron los ojos de lágrimas, que comenzaron a correr por su rostro destrozado.
—He oído que querías verme.
Daniela se detuvo al pie de la cama, con expresión inflexible.
—No he venido aquí por bondad. He venido a terminar lo que empecé. Después de hoy, tú y yo nunca volveremos a cruzarnos. Nunca te he querido. Cuando te dije que me gustabas, eso era todo. Nuestro divorcio no me cambió, ni siquiera un poco. Cedric me enseñó lo que es el amor de verdad. El amor verdadero no es una obsesión unilateral, es confianza, deseo, plenitud. Es físico, emocional, completo. Nunca tuve nada de eso contigo. Tú elegiste tu propio destino en el momento en que me acorralaste en esa azotea. Tú te lo has buscado. No hay nada más que decir entre nosotros. Espero que pases el resto de tus días recordando lo que has perdido y ahogándote en ese arrepentimiento.
Se dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta.
Detrás de ella, los labios de Alexander temblaban. Su voz sonó áspera, desesperada.
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—¿Alguna vez me has querido?
Daniela se detuvo y miró por encima del hombro con una risa silenciosa y despiadada.
—¿Quererte? ¿En serio?
La humillación golpeó a Alexander como un maremoto. Mientras Daniela salía de la habitación sin mirar atrás, el mundo de Alexander se derrumbó: su rabia y su dolor se estrellaron contra sí mismos hasta que la oscuridad lo envolvió por completo.
Daniela regresaba del hospital cuando vio a Cedric cerca del edificio de la empresa.
A pesar de todo lo que tenía entre manos, Cedric estaba allí, esperándola.
Cuando su coche se acercó, Cedric se dirigió hacia él.
—¿Has ido al hospital?
Daniela sonrió.
—Sí. He visto a alguien envuelto como una momia.
Cedric soltó una carcajada.
—¿Eso es lo que te llamó la atención?
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