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Capítulo 1463:
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Kohen intentó calmar a su padre. —No te enfades, padre. Nikolas y Damon no están pensando con claridad.
La ira de Hamilton se intensificó y su rostro se llenó de rabia.
—¡Fuera de mi vista, los dos! Nikolas, ya no eres de esta familia. ¿Qué haces aquí? ¡Vete!
Nikolas no replicó, simplemente se dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta.
Damon siguió los pasos de su hermano.
Desde atrás, Kohen gritó: «¡Damon, padre no se refería a ti! ¿Por qué te vas también? ¡Esto solo lo enfadará más!».
Cuando el coche se alejó de la casa, una sonrisa de satisfacción apareció en los labios de Kohen.
Hamilton se dejó caer pesadamente en el sofá del salón y marcó el número del hospital en su teléfono.
Los resultados del hospital coincidían perfectamente con el relato de Nikolas.
Una mirada calculadora se dibujó en los ojos de Hamilton.
No esperaba que Cedric hiciera ningún movimiento en Oiscoll. Esa rebeldía era algo nuevo.
Si la mayor vulnerabilidad de Daniela era su miedo a las alturas, la de Cedric era, sin duda, la propia Daniela.
Aunque Hamilton seguía tramando utilizar la fobia de Daniela en su contra, se dio cuenta de que ella y su círculo ahora estarían en guardia, especialmente con Alexander ya incapacitado.
Necesitaba nuevos peones, personas que pudieran ganarse la confianza de Daniela, pasar desapercibidos y atacar solo cuando fuera el momento perfecto.
Sus pensamientos repitieron la indignación anterior de Nikolas y Damon, cuya lealtad hacia Daniela era clara como el agua.
Daniela parecía haberse ganado su lealtad y, por todas las señales, ella los cuidaba a cambio.
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Hamilton conocía a sus hijos mejor que nadie.
Una sola orden suya y ninguno se atrevería a desobedecerle.
No tenía sentido buscar fuera de la familia: la respuesta estaba justo delante de él.
Si unía fuerzas con sus dos hijos, no había duda de que al final podrían vencer a Daniela.
Todo el mundo tenía debilidades.
Para Nikolas, era su ambición, ese hambre insaciable de estatus y control. Damon, por su parte, nunca podía resistirse a algo nuevo y se rebelaba ante la idea de los límites.
Sin embargo, ninguna de estas tendencias suponía el mayor peligro para ellos.
La verdadera debilidad de su armadura era el recuerdo de su difunta madre.
Una sonrisa astuta se dibujó en los labios de Hamilton, y su mirada brilló con la promesa de planes tortuosos por venir.
Daniela llevaba mucho tiempo dormida, con el cuerpo agotado por el estrés y el apasionado sexo con Cedric.
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