✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1456:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
«Estoy bien. De verdad. No es nada. No te preocupes por mí».
Cedric apretó los puños con tanta fuerza que se le pusieron blancos los nudillos, y una luz salvaje brilló en sus ojos.
«Lo juro, les haré pagar por esto».
Más tarde, Daniela se quedó dormida en los brazos de Cedric.
Él la llevó arriba, la bañó y la arropó entre las sábanas.
Solo cuando ella se durmió profundamente, se derrumbó a su lado, completamente exhausto. Durante un largo rato, permaneció allí tumbado, con la mirada fija en el rostro tranquilo de ella.
Una niebla inquieta se cernía sobre Daniela, sus pensamientos se enredaban y su sueño era intranquilo. Cuando finalmente abrió los ojos, encontró a Cedric plantado junto a su cama, observándola con atención inquebrantable. Ya había caído la noche, envolviendo la habitación en la oscuridad.
Daniela se giró hacia la mesita de noche y entrecerró los ojos para mirar el reloj: era poco más de la una de la madrugada.
Cedric llevaba más de cuatro horas sin apartarse de su lado.
El cansancio le enrojecía los ojos y el rostro reflejaba el efecto del insomnio. La dura jornada no había dejado a Daniela tan conmocionada como nerviosa; en realidad, era Cedric quien sentía más miedo.
Retirando la manta, Daniela le hizo una señal silenciosa, invitándolo a acercarse.
—Ven aquí.
Cedric dudó, parpadeando mientras interpretaba el significado de su gesto.
—Normalmente, cuando estás tan inquieta, prefieres estar sola, ¿no? Me quedaré aquí y vigilaré.
Daniela lo miró, guapo en la penumbra, con la preocupación grabada en cada rasgo de su rostro.
En ese momento, Daniela era simplemente una chica perdida en la noche, vulnerable y asustada por la tormenta. A Cedric le parecía desgarradoramente frágil, como si pudiera desmoronarse al menor contacto.
Lo nuevo está en ɴσνєℓα𝓼4ƒαɴ.ç𝓸𝗺 con contenido nuevo
La compasión brotó en su pecho.
—No eres cualquiera —susurró Daniela, con voz suave y sincera.
—Por favor, ven a acostarte conmigo.
Solo después de escuchar esas palabras, Cedric se levantó y se unió a ella.
En cuanto se dio cuenta de que no se había duchado, corrió al baño para darse un lavado rápido. Limpio y renovado, se deslizó en la cama junto a ella. En la espesa oscuridad, su voz era suave pero firme.
—Abrázame.
Los brazos de Cedric la rodearon, atrayéndola suavemente hacia él. Daniela cerró los párpados y su aliento cálido rozó la piel de él.
Se acercó más y le dio un tierno beso en los labios.
Cedric se quedó paralizado, sin saber si responder. En cualquier otra noche, su afecto habría hecho que su corazón se acelerara. Esa noche, sin embargo, la cautela se apoderó de él. Los acontecimientos del día aún estaban presentes y le preocupaba que ella pudiera seguir frágil. No podía evitar temer que el trauma la atormentara.
Sintiendo su vacilación, Daniela susurró: «No dejaré que me afecte».
.
.
.