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Capítulo 1326:
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Kohen se quedó en silencio, con la cabeza gacha.
Mientras tanto, Charles llegó a la villa de Daniela. Daniela estaba sentada leyendo bajo el cenador. Cedric estaba cerca, cuidando las flores.
Charles se acercó. «Daniela».
Ella levantó la vista del libro. —¿Tú otra vez?
Él le dedicó una pequeña sonrisa. —Lo que has hecho es increíble. Comprar ese edificio frente al Grupo McCoy debe de haberte costado una fortuna. Lo has hecho parecer fácil.
«Debe de ser agradable tener tanto dinero».
Daniela sonrió levemente. —¿Has venido aquí por algo?
Charles dudó. «¿De verdad piensas excluir a Cedric de la herencia McCoy?».
Su voz era tranquila. —¿No está claro? Él no necesita esa carga.
Charles negó con la cabeza, todavía atónito por la suerte de Cedric. —En ese caso, por favor, ayúdame. Si consigo lo que quiero, me aseguraré de que Cedric se quede con la mitad del Grupo McCoy.
La mitad. Más de cien mil millones.
Charles era sorprendentemente generoso.
Parecía un poco inquieto al mirar a Daniela. —¿Qué opinas?
Ella no se molestó en suavizar su respuesta. —¿Por qué no? El dinero gratis no es algo que la gente rechace.
Charles se iluminó como un niño en Navidad. —¡Perfecto! Entonces, todo listo.
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Daniela asintió con la cabeza. «Sí. Pero no te precipites. Espera a que mi empresa se consolide primero. Entra en escena cuando sea el momento adecuado. Y mantén las distancias en público. No te muestres demasiado amistoso conmigo ni con Cedric».
Charles esbozó una sonrisa pícara. «Entendido».
Cedric, que estaba cuidando las flores cerca de allí, se giró justo a tiempo para ver a Charles con aire demasiado satisfecho de sí mismo. Su rostro se ensombreció.
Charles se alejó saludando con la mano y tarareando como si nada hubiera pasado.
Cedric apretó los dientes. «¿Qué hace aquí?».
Daniela se volvió para mirar su rostro hinchado y soltó una risita. Esa pequeña sonrisa borró de la mente de Cedric cualquier queja que pudiera tener.
«¿De verdad estás sonriendo? Hacía mucho tiempo que no te veía sonreír así». Su mirada se clavó en ella. «Estás tan guapa como siempre».
Daniela exhaló un largo suspiro y le lanzó una mirada. —Qué lameculos.
Cedric negó con la cabeza. «Ese es Charles».
No muy lejos, Carol tomaba el sol como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo. Echó un vistazo y envió un mensaje rápido a Ryan y Lillian. «No tenemos que hacer nada. Ya se han enamorado».
Ryan respondió: «Daniela tiene un encanto incomparable».
Lillian añadió: «Dile a Cedric que se dé prisa. ¡Llegaremos la semana que viene como muy tarde!».
Cuando Carol se lo contó a Cedric, este no apartó la mirada de Daniela. Esa mirada —posesiva, leal, llena de pasión— lo decía todo.
Apretó los puños y apretó los dientes con fuerza, listo para actuar.
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