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Capítulo 1315:
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¡Todo, absolutamente todo, era por ella!
Si no fuera por ella, no estaría enfrentándose a su propia carne y sangre.
Lo único que quería era acabar con Daniela.
Ese día, los vientos se habían suavizado y su furia había disminuido.
Una gran preocupación carcomía el corazón de Cedric.
La idea de que Daniela lo echara lo aterrorizaba hasta lo más profundo.
Para ahogar la ansiedad, se sumió en las tareas, manteniendo las manos ocupadas para evitar la quietud.
Carol miró a Cedric, que estaba en el jardín plantando flores junto al jardinero, y luego se volvió hacia Daniela, con voz llena de preocupación. —¿Sigues pensando en echarlo?
Daniela respondió: —Ya has visto el peligro hoy. Si se queda aquí, tarde o temprano ese peligro lo encontrará.
Carol dudó, con la incertidumbre nublando su voz. —Pero no creo que Hamilton permita que Cedric se vaya. Sus hijos han demostrado ser completamente incapaces y parece que él tiene otras intenciones.
Daniela comprendió la verdad. Durante su visita a Hamilton, había notado su actitud más suave hacia Cedric.
Comprendía muy bien lo que significaba ese cambio de actitud.
—La familia McCoy está plagada de individuos astutos y despiadados. No hay razón para que se quede aquí.
En ese momento, Cedric entró desde el jardín y oyó las palabras de Daniela.
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Su rostro se nubló con determinación. Clavó los ojos en Daniela y afirmó con firmeza: —No me voy a marchar.
Los acontecimientos del día habían sido demasiado peligrosos. No podía dejar a Daniela sola para enfrentarse a ellos.
—Puedo arreglármelas sola —declaró Daniela con firmeza—. Cuando se calme el viento esta tarde, podrás irte.
Cedric se quedó paralizado, desconcertado. «¿Por qué siempre me rechazas? ¡Es la segunda vez!».
Sintiendo la tensión creciente, Carol salió silenciosamente de la habitación, dejándolos solos.
La mirada de Cedric se clavó en Daniela, inquebrantable e intensa.
«Siempre haces lo mismo. Te haces la fuerte, como si pudieras con todo tú sola. Pero yo me preocupo por ti. Me pregunto si lo estás pasando mal cuando no estoy aquí. Daniela, ¿de verdad piensas tan mal de mí? Prefieres enfrentarte al peligro con Carol que conmigo. ¿Confías más en Carol que en mí? Daniela, somos pareja. ¿Sabes siquiera lo que eso significa?».
Cedric estaba al límite, a punto de perder los estribos.
Ya había llegado al límite la primera vez que Daniela se había marchado sin decir nada, dejándolo colgado.
Había intentado contenerse, pero ahora era imposible seguir ocultándolo. La paciencia nunca había sido el punto fuerte de Cedric. Sin embargo, por la mujer que amaba, había enterrado instintivamente todas sus aristas y reprimido su furia.
Daniela se encontró con la mirada de Cedric, sus ojos escudriñando su rostro.
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