✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1296:
🍙🍙 🍙 🍙 🍙
Nikolas palideció. Respondió: «¿Qué estás diciendo? Tú fuiste quien jugó sucio para ganar la carrera de caballos antes. Simplemente no creí que valiera la pena llamarte la atención».
Sintiendo la mirada penetrante de Daniela, Nikolas se movió incómodo. Soltó: «Dejemos el pasado atrás. ¡Aquí y ahora, estoy listo para apostar! Si pierdo, haré el ridículo de la forma más espectacular. Me desnudaré y correré por la finca de la familia McCoy, incluso ladrando como un perro».
Daniela se rió y dijo: «Nikolas, te gusta mucho hacer ruido como un perro que ladra. Pero los resultados de la prueba de ADN lo dejaron claro: tú y el perro sois familia».
Nikolas replicó: «¿Hacemos la apuesta o no?».
«Sabes cómo entretener. Yo estoy arriesgando mi derecho a entrar en el Grupo McCoy y tú me ofreces unos cuantos ladridos. No estamos en igualdad de condiciones», respondió Daniela con una risa desdeñosa.
La frustración se apoderó de Nikolas.
Estaba a punto de replicar cuando unos susurros atrajeron la atención de la multitud.
«Las consecuencias esta vez son de otro nivel».
«Quizás Nikolas no cree que pueda ganar, por eso tiene demasiado miedo de arriesgarse».
«Ya está tartamudeando. Con todos los medios aquí, imagina los titulares si le ven temiendo el desafío de una mujer».
«¡Qué vergüenza!».
𝑆𝒾𝑔𝓊𝑒 𝓁𝑒𝓎𝑒𝓃𝒹𝑜 𝑒𝓃 ɴσνє𝓁α𝓼4ƒαɴ.c♡𝗺 para ti
La expresión de Nikolas se tornó tormentosa.
Daniela, aprovechando el momento, preguntó: «Yo estoy arriesgando mi acceso al Grupo McCoy. ¿Y tú? ¿Eres lo suficientemente valiente como para apostar los derechos de gestión permanente del Grupo McCoy?».
Alguien entre la multitud murmuró en señal de acuerdo: «Eso suena mejor». Al oírlo, Daniela le lanzó a Nikolas una sonrisa provocadora. «¿Y bien? Tú has iniciado esta apuesta. ¿Eres lo suficientemente valiente como para arriesgar tu control sobre el Grupo McCoy?».
Las mejillas de Nikolas se sonrojaron. La furia lo invadió como un fuego que no podía apagar.
Daniela lo había acorralado, sin dejarle margen para salvar las apariencias. Su implacable confianza solo empeoraba las cosas.
Le molestaba que se negara a mostrarle ningún respeto delante de tanta gente.
Quería gritar: «Acepto. Apostaría los derechos de gestión del Grupo McCoy y todo lo que me depara el futuro. ¡No te tengo miedo, Daniela!». Pero, aun sabiendo que Damon era el mejor jugador de dados de todo Oiscoll, no se atrevía a aceptar.
Ahora, el arrepentimiento se le clavaba en el pecho. Él había sido quien había incitado a sus hermanos a ir tras Daniela, y ahora era él quien se había metido en ese lío. Nikolas miró a la multitud: periodistas, espectadores, todos con los ojos fijos en él. Apretó los labios hasta formar una línea fina.
—Está bien. Apostemos.
Damon sonrió con aire burlón y tiró de Nikolas hacia él. Confiado en su habilidad, no tenía ninguna duda de que ganaría. —Daniela, apostaré contigo. ¡Apostemos a los dados! El que saque más alto gana. Si pierdo, dejaré mi puesto en el Grupo McCoy. Para siempre.
Daniela apartó la mirada de Nikolas y la posó en Damon, evaluándolo sin decir palabra. «De acuerdo», aceptó Daniela sin dudarlo.
.
.
.