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Capítulo 1185:
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La voz al otro lado del teléfono espetó: «¡Eres un incompetente! Daniela se hizo con el mercado internacional hace mucho tiempo, ¿y ahora te das cuenta? ¡Inútil!».
Katrina suplicó: «¿Qué hacemos ahora? Daniela ya viene a por mí».
El hombre respondió con frialdad: «Encontraré a alguien que se encargue de Daniela». Y con eso, la llamada se cortó abruptamente.
La grabación continuó.
Katrina le preguntó a Hackett: «¿Se puede hacer?».
La voz de Hackett era firme. «M tiene un enorme poder en todo el mundo. Por supuesto que se puede hacer. Solo hay que tener paciencia».
La grabación se detuvo de forma escalofriante.
La voz de Carol resonó con confusión. «¿Quién es exactamente M?».
La mirada de Daniela era aguda y su tono gélido. «Investiga a cualquier persona de renombre internacional cuyo nombre empiece por M».
La llamada fue grabada hace cinco años, sellando la identidad del misterioso contacto de Katrina en un velo de tiempo.
Sin embargo, con esta pista, por fin podían empezar a desentrañar el misterio.
Daniela se volvió hacia Carol y le preguntó: «¿Has localizado a Winslow?».
Carol negó con la cabeza. «No hay rastro de que se haya accedido a ningún dato personal. Seguiremos vigilando la situación».
Daniela asintió con la cabeza. Carol se marchó.
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Solo Daniela y Cedric permanecieron en la habitación.
Daniela le pasó una botella de agua antes de sentarse en una silla. «Hablemos».
Cedric se sentó en la silla junto a ella.
Sus ojos se encontraron con los de él. «¿Sigues enfadado?».
Consolar no era su fuerte, pero no quería dejar a Cedric sumido en la incomodidad.
Cedric negó con la cabeza, apretando los dedos alrededor de la botella de agua. —Solo me siento un poco incómodo, pero te entiendo. Aún no me conoces muy bien.
Lamentaba no haberle preguntado nunca cuándo ni por qué Daniela había empezado a gustarle, dejándolo a la deriva en la incertidumbre. Ahora que ella había perdido la memoria, no tenía ni idea. Daniela parecía de hielo, intocable e indiferente, como si nada pudiera afectarla.
La voz de Cedric se suavizó, como si estuviera tanteando el terreno. —Antes de que te enamores de mí, ¿puedo pedirte un favor?
Daniela asintió con la mirada fija. —Adelante.
—Soy tu marido, legalmente hablando. Así que, antes de que te enamores de mí, está bien que sientas lástima por mí.
Daniela lo estudió en silencio, buscando el significado en sus ojos.
Era evidente que despreciaba la idea de que ella sintiera lástima por él, pero ahora parecía aceptarlo con tranquila resignación.
—Solo puedes sentir lástima por mí. Por nadie más.
Las palabras de Cedric fueron suaves, casi frágiles.
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