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Capítulo 1125:
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Joyce le entregó la nota arrugada.
Daniela entrecerró los ojos. La letra le resultaba familiar. La había visto antes, en algún sitio, pero ¿dónde?
Joyce estudió la expresión indescifrable de Daniela y dudó. —Daniela, te lo hemos contado todo. Ahora tienes que protegernos.
Daniela ni siquiera la miró.
El silencio le revolvió el estómago a Joyce.
Tres años encerrada en ese sótano y, de repente, alguien la había liberado. Sin embargo, esa persona nunca se había mostrado.
A juzgar por la nota, esa persona debía de estar tras la fortuna de Daniela. Un escalofrío recorrió la espalda de Joyce. ¿Podría esto ponerla a ella y a Jack en peligro? No tenía forma de saberlo.
Joyce se puso de pie de un salto, con voz urgente. —Daniela, te lo he contado todo. Jack es todo lo que tengo. ¡Tienes que prometerme que lo mantendrás a salvo!
Daniela soltó una risa fría y aguda. Se volvió, con la mirada gélida como una noche de tormenta. —Ni siquiera pude proteger a mi propio hijo. ¿Qué te hace pensar que puedo proteger al tuyo?
Joyce abrió los ojos con incredulidad. —¡Pero tú eres mucho más fuerte que yo! Si alguien puede manejar esto, eres tú. Daniela, estoy dispuesta a colaborar contigo. Si esa persona vuelve a ponerse en contacto, te lo diré inmediatamente. Los padres siempre anteponen a sus hijos. Sé que no me tienes mucho cariño, pero tú también tienes un hijo. Lo entiendes, ¿verdad?
Daniela no respondió. Simplemente se dio la vuelta y subió las escaleras.
Joyce se volvió hacia Caiden, insegura. —¿Ha aceptado?
Caiden asintió con la cabeza. —Probablemente. Es dura por fuera, pero cuando se trata de los niños, se ablanda.
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Joyce soltó un suspiro de alivio. —Eso está bien. —Una chispa de confianza brilló en sus ojos—. Daniela está sola ahora. Algún día necesitará a Jack.
Daniela subió las escaleras, con la mente en otra parte. Encendió el ordenador. Afuera, la lluvia golpeaba con fuerza el balcón, en un ataque implacable y rítmico.
Carol cerró la ventana y se volvió hacia Daniela. —Cedric sigue fuera. Llueve con fuerza y su tienda parece que va a salir volando.
Daniela permaneció en silencio, con la mirada fija en la pantalla del ordenador. Utilizando la información de Caiden y Joyce, asignó una tarea al departamento de inteligencia.
Luego se levantó y se dirigió al baño. Una ducha le despejaría la mente. Regresó con el pelo húmedo y volvió a concentrarse inmediatamente en la pantalla.
Carol volvió a asomarse. —La tienda de Cedric ha desaparecido. Ahora está debajo de un árbol, con aspecto desdichado.
Esta vez, Daniela finalmente habló. «Si no puede soportarlo, se irá por su cuenta».
Carol asintió ligeramente y cerró las cortinas.
El ruido rítmico de las teclas llenó la habitación silenciosa, flotando en el aire como un pulso constante.
Daniela seguía inmersa en su trabajo, con la concentración intacta. Cuando Carol se despertó, encontró a Daniela todavía pegada a la pantalla del ordenador.
La fría luz fluorescente proyectaba sombras nítidas en su rostro, haciéndola parecer aún más distante, casi intocable. Carol miró hacia fuera y se dio cuenta de que la tormenta había pasado por fin.
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