✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1117:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Tasha se sorprendió al ver que tanto Joyce como Caiden se habían portado bien. ¿Pero Jack? Estaba completamente intrépido.
Había convertido el salón en su patio de recreo personal, corriendo de un lado a otro y obstruyendo a propósito la vista de Daniela a la televisión.
Joyce se reía con aire de suficiencia desde un lado, sabiendo perfectamente que, por muy estricta que fuera Daniela, no le pondría un dedo encima al niño. Tras sufrir la pérdida de su propio hijo, Daniela sentía debilidad por los niños y su paciencia era infinita.
Joyce vio una oportunidad en esa debilidad y convirtió a Jack en un pequeño alborotador intocable.
Todo comenzó con desafiar a Daniela: el plan definitivo de Joyce era que Jack se estableciera poco a poco como el verdadero gobernante de la casa. Escondida en la penumbra, Joyce le hizo un discreto gesto de aprobación a Jack.
Jack vio su aprobación y sonrió con picardía antes de subir la apuesta: se subió al sofá con los zapatos puestos. Tasha miró a Daniela. Incluso en el poco tiempo que habían pasado juntas, había notado la obsesión de Daniela por la limpieza.
Pero a pesar de las travesuras de Jack, Daniela permaneció inmóvil, sin hacer ningún gesto para detenerlo. Tasha reflexionó: «Era de esperar. Las madres siempre tienen debilidad por los niños y son reacias a ser demasiado severas con ellos».
Pero si no se corrige a los niños desde pequeños, luego es imposible controlarlos. Con un suspiro silencioso, Tasha llegó a la conclusión de que Daniela aún era demasiado joven y poco experimentada en estos asuntos.
Pero antes de que pudiera darle más vueltas, las luces del salón parpadearon y se atenuaron.
Un segundo después, toda la habitación quedó sumida en la oscuridad. Joyce se dio cuenta del pequeño truco de Jack y soltó una risa de satisfacción.
Tasha exhaló, dispuesta a volver a encender las luces, hasta que se fijó en que Daniela se levantaba lentamente del sofá. La televisión seguía siendo la única fuente de luz, y su resplandor parpadeante proyectaba sombras inquietantes en las paredes.
Tasha observó cómo Daniela agarraba la muñeca de Jack, con los ojos oscuros e indescifrables. —¿Quieres morir?
Daniela levantó la mano. Por un instante, todos se prepararon para el golpe, pero en su lugar, un fuerte golpe rompió el silencio. Su palma se estrelló contra la mesa de cristal que tenía delante, pero no contra Jack.
Jack se quedó boquiabierto, en silencio, con el rostro rígido mientras la luz parpadeante proyectaba sombras inquietantes sobre los rasgos inexpresivos de Daniela, haciéndola parecer aún más escalofriante.
Daniela soltó el cuello de Jack. Y, como si fuera una señal, las luces inundaron la habitación con su brillo.
Sin decir otra palabra, Daniela pasó junto a Jack con pasos lentos y deliberados mientras subía las escaleras.
Joyce se quedó paralizada, aún procesando el momento, cuando un sonido agudo rompió el silencio. La mesa de cristal explotó en mil pedazos, que se esparcieron por el suelo con un estruendo ensordecedor.
En la quietud de la noche, el sonido tenía un peso inquietante, casi premonitorio.
.
.
.