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Capítulo 1111:
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Las lágrimas brillaban en sus ojos mientras se alejaba. Parecía completamente agotada.
Todos los que la miraban sintieron una punzada de culpa. A sus ojos, ella no había mostrado más que elegancia.
Cuando llegó la noche, su historia se había apoderado de Internet. Las acciones de Elite Lux se dispararon.
Sus años de ayuda silenciosa a los niños para que pudieran recibir una educación salieron a la luz.
La gente no podía dejar de alabarla.
Al mismo tiempo, destrozaban a Joyce. De vuelta en su oficina, Daniela estaba sentada en el sofá, con la mirada fija en las gráficas de las acciones, que no dejaban de subir. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
Cedric entró y la encontró descansando con el teléfono en la mano.
Ella parpadeó, sorprendida por sus ojos enrojecidos.
—¿Qué pasa? —preguntó.
Él había visto las noticias. Había corrido hasta allí pensando que la encontraría llorando. Pero, en cambio, se encontró con una mesa llena de fruta fresca, sushi y postres cuidadosamente dispuestos.
Ella acababa de ganar una batalla y sonreía como una niña.
Desde el otro extremo de la pantalla, Lillian gritó: «¡Daniela, muévete ya! ¡Date prisa! ¡Ryan, mejor que me cubras!».
Sin apartar la vista de la pantalla, le indicó que se sentara en la silla cercana. «Siéntate. Yo terminaré esta partida». Cedric hizo lo que le dijo, tan callado como siempre.
La paciencia le venía de forma natural.
La observó atentamente. Para alguien que el mundo daba por perdida, no parecía triste en absoluto.
El juego terminó. Ryan y Lillian pidieron otra ronda.
Cedric cogió su teléfono y se unió a ellos.
Ryan gimió. «¿Cedric? ¿En serio? ¡No nos retrases con tus habilidades anticuadas!». Cedric miró a Daniela y luego dijo en voz baja: «Haré lo que pueda». Y así, sin más, volvieron al juego.
Daniela no tardó en darse cuenta. Cedric se movía en sincronía con ella, como si pudiera leerle la mente.
La cubría en cada jugada, haciendo que todo el partido fuera fluido.
Cuando terminó la ronda, Ryan y Lillian ya habían tenido suficiente. «Nos retiramos. Ni siquiera estás jugando en serio. Solo estás coqueteando». Entonces, sus avatares desaparecieron de la pantalla.
Daniela dejó el teléfono.
Los ojos de Cedric aún tenían un ligero tono rojizo. Ella recordó cómo se veía cuando llegó y soltó una suave risa. —Cedric, eres un poco sentimental.
Cedric levantó la cara y miró a Daniela a los ojos. Había algo en ellos: oscuros, quietos, como si siempre estuvieran observando demasiado de cerca.
—Vi las noticias —Cedric hizo una pausa—. Te vi llorando.
Daniela asintió con la cabeza. —Era para las cámaras.
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