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Capítulo 1102:
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Respirando con dificultad, Alexander respondió: «No podemos involucrar a la policía. No puedo permitir que Daniela, ni nadie, me vea así».
Richard estalló de frustración. «¿Vamos a dejar que Cedric se salga con la suya?».
Entrecerrando los ojos, Alexander dijo: «Cedric pone todo su corazón en el amor. Lo más devastador que podríamos hacer es quitarle su mayor amor. Papá, ocúpate del negocio. Tengo que irme al extranjero a que me arreglen la cara».
Esa misma noche, Alexander partió para someterse a la cirugía.
Al ver a Alexander, el cirujano plástico exclamó horrorizado: «¡Dios mío! ¿Qué le ha pasado a su cara? ¡Está completamente destrozada!».
Su asistente lo miró y dijo con sorna: «Parece que te haya atropellado una flota de camiones».
Atónito, Alexander preguntó: «¿De verdad es tan grave?».
El asistente le acercó un espejo de forma agresiva.
Alexander había evitado los espejos hasta ese momento. Al enfrentarse a su reflejo, retrocedió conmocionado.
«¡Dios mío! ¿Quién es este?», exclamó.
Frustrado, apartó el espejo y exigió: «Quiero recuperar mi antigua cara. Asegúrese de que quede exactamente como estaba, sin ningún cambio».
El cirujano plástico le dedicó una sonrisa tranquilizadora. «Tranquilo, somos expertos en nuestro campo».
Alexander se dirigió a la sala de exploración.
El asistente le preguntó al médico con nerviosismo: «¿De verdad podemos restaurarle la cara por completo?».
Mientras se ponía los guantes, el médico explicó: «Restaurarlo por completo es imposible. Estamos tratando con carne humana real, no con arcilla moldeable. Dada la gravedad de los daños, podríamos reconstruir aproximadamente un 20 % de su aspecto anterior. Además, necesitará tratamientos continuos cada mes para mantenerlo. ¿Ha visto Avatar? Imagínese a uno de esos seres azules».
El asistente espetó: «¡Pero si le acaba de asegurar su profesionalidad!».
«Sí, soy un profesional, pero los milagros son otra cosa. Estoy haciendo todo lo posible».
Mientras entraba en el quirófano, Alexander suplicó: «Por favor, devuélvanme mi aspecto anterior. No importa lo que cueste, deben conservar mi apariencia». El médico asintió con una sonrisa tranquilizadora. «No se preocupe. Confíe en mi profesionalidad».
El asistente se quedó a un lado, compadeciéndose de Alexander.
Daniela estaba inmersa en sus informes cuando la puerta se abrió de golpe. La escena que se presentó ante ella fue impactante: un hombre empapado en sangre, con su traje, antes elegante, ahora en un estado espantoso.
Daniela se quedó rígida, con la mirada fija en Cedric, cuya silueta, salpicada de sangre, proyectaba sombras inquietantes bajo la tenue luz de la oficina.
Cedric no dijo nada, y su silencio se convirtió en algo pesado, casi asfixiante.
Inquieta, Daniela frunció el ceño. —¿Qué ha pasado? —preguntó.
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