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Capítulo 1088:
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«Nueve millones». Una voz tranquila resonó en la sala. Se hizo el silencio entre el público.
«¡Es Cedric!», susurró alguien sorprendido.
La expresión de Alexander se ensombreció. «¡Quince millones!».
Cedric mantuvo la compostura. «Veinte millones».
Alexander apretó la mandíbula y lanzó una mirada fulminante a Cedric. «¡Veintiún millones!».
Cedric no se inmutó. «Treinta millones».
Ante la oferta de Cedric, toda la sala se llenó de murmullos de asombro.
«¿Se han vuelto locos? ¡Treinta millones!».
«¿Cedric está tirando el dinero? ¡Este pequeño cuenco no vale más de cinco millones como mucho!».
«¿Por qué se pelean Cedric y Alexander? ¿Acaso el cuenco tiene algún valor oculto que nosotros no conocemos?».
«¡Vaya! Un enfrentamiento entre el antiguo y el actual hombre más rico del país».
«¡Esto sí que es entretenimiento!».
«¡Qué espectáculo!».
Carol se inclinó hacia Daniela. «Alexander ganó más de cincuenta mil millones gracias a ti y cree que comprando este pequeño cuenco se ganará tu favor. Pero ¿y Cedric? He oído que Cedric estuvo en coma durante tres años y que el Grupo Phillips ha pasado por dificultades. Gastarse ahora tanto dinero debe suponer una gran presión para ellos, ¿no crees?».
Alexander se mantuvo alejado de Cedric, sentado sobre una montaña de riqueza, con más de cinco mil millones a su nombre. ¿Gastarse un par de millones? Eso era pan comido.
Daniela frunció sutilmente el ceño, sin cambiar apenas de expresión.
El subastador, sin embargo, estaba eufórico.
«¡Treinta millones sobre la mesa! ¡El Sr. Phillips sube la apuesta!».
Luego se volvió hacia Alexander, con un destello de esperanza en los ojos. —Sr. Bennett, ¿le gustaría aumentar su oferta?
Alexander estaba visiblemente molesto. Solo era un pequeño cuenco. Gastarse unos pocos millones por Daniela todavía estaba dentro de lo razonable, pero ¿más de diez millones por adquirirlo? Le parecía ridículo. A pesar de su gran poder adquisitivo, el gasto imprudente no era su estilo. ¿Estaba Cedric perdiendo el juicio?
Alexander era conocido por ser astuto, siempre buscando la mejor relación calidad-precio. Como hombre de negocios, vivía de la búsqueda del beneficio. Apretó los labios y miró rápidamente a Daniela, que parecía completamente desinteresada.
Alexander consideró subir la puja una última vez, dispuesto a ceder si alguien lo superaba. Al fin y al cabo, solo era un pequeño cuenco. Si Daniela lo deseaba de verdad, siempre podía comprar otro más adelante. Era una pieza corriente, nada por lo que emocionarse.
Pero Cedric estaba decidido a llevarse la victoria. Alexander pretendía que esa victoria no fuera tan fácil. Con un aire deliberadamente desafiante, levantó la paleta y declaró: «Cuarenta millones».
Con los ojos brillantes de picardía, Alexander observó atentamente a Cedric, curioso por ver cómo respondería.
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