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Capítulo 1087:
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Alexander se había hecho el tonto todo el tiempo, sin esperar que Daniela le llamara la atención tan directamente. La vergüenza lo invadió. Justo cuando estaba a punto de hablar, comenzó la subasta.
Los ojos de Daniela se fijaron en Alexander cuando este se movió para sentarse a su lado. Ella dijo con frialdad: «Ese asiento no es tuyo».
Su voz tenía un tono gélido que atrajo la atención de los que estaban cerca.
Alexander dudó, sintiendo el peso de las miradas. Se frotó el puente de la nariz y dijo: «Entonces, vendré a buscarte más tarde. Te has hecho una idea equivocada». Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se dirigió a la primera fila.
Daniela volvió a fijar la mirada en el escenario.
«La subasta es ahí arriba. ¿Por qué me miras?», le preguntó Daniela a Carol un momento después.
Carol la había estado observando de perfil, mirándola atentamente. —Daniela, te has enfadado. Hacía mucho tiempo que no te veía así. ¿Por qué?
No podía ser por el dinero. Independientemente de que Elite Lux prosperara o no, la fortuna de Daniela ya era astronómica. Una suma tan pequeña no significaba nada para ella.
La respuesta de Daniela fue sencilla. —Solo me ha molestado.
Carol ladeó la cabeza. —¿Es porque Alexander fue grosero con Cedric en la entrada? Eso es lo que te ha molestado, ¿verdad?
Daniela se volvió para mirarla.
Carol no dudó. —Al fin y al cabo, Cedric sigue siendo tu marido. Y con tanta gente mirando, Alexander se pasó de la raya. Daniela, deberías recordarle quién manda aquí. En Olisvine, nosotros ponemos las reglas.
Una lenta sonrisa se dibujó en los labios de Daniela. Por el rabillo del ojo, vio a Cedric sentado en diagonal frente a ella.
Comenzó la subasta.
Alexander hizo varias pujas muy llamativas y, cada vez que se levantaba, su mirada se dirigía instintivamente hacia Daniela. Todos los que estaban a su alrededor lo notaron. Era obvio a quién estaba mirando. Daniela, sin embargo, permaneció indiferente, sentada con compostura e imperturbable ante tanta atención.
—Este es el último artículo de la noche —anunció el subastador—. Una pieza de porcelana del siglo XVII.
Una delicada fuente se colocó bajo el foco, con su superficie adornada con vívidas flores que brillaban bajo la luz. Los ojos de Daniela se posaron en ella.
—La puja inicial es de un millón.
Alexander se volvió hacia Daniela con una sonrisa burlona. —¡Ocho millones!
La multitud contuvo el aliento.
Un pequeño cuenco, que no valía más de cinco millones como mucho, acababa de alcanzar una suma desorbitada. ¿Estaba loco?
Los ojos del subastador brillaban de emoción. «¡Señor Bennett! Gracias por su generosa puja. ¡Ocho millones!». Incluso él había dado por hecho que el precio no subiría mucho más.
«¡Ocho millones, a la una!».
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