✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1073:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Cedric sonrió. «Por favor, no te preocupes por mí. Sigue con tu trabajo, aún no estoy listo para dormir».
Aceptando sus palabras con un gesto de asentimiento, Daniela volvió a centrar su atención en sus tareas.
Elite Lux había prosperado en su día gracias a sus innovadores y excepcionales diseños de moda. Ahora, con la influencia de la empresa en declive, Daniela estaba decidida a restaurar su gloria a través de su visión creativa.
Durante los últimos tres años, los diversos negocios secundarios de la empresa habían ido a la deriva sin un liderazgo claro. Daniela sabía que tenía que racionalizar estas operaciones, pero eso tendría que esperar hasta después del próximo desfile de moda.
No había duda: Daniela estaba desbordada.
Se inclinó sobre su escritorio, absorta en los bocetos que se extendían por el papel en blanco frente a ella. Desde su rincón tranquilo, Cedric la observaba con atención.
Habían pasado tres años desde la última vez que había estado tan cerca de Daniela. Ahora parecía más delgada, con los rasgos afilados por una frialdad casi palpable. El nuevo aura que desprendía era una mezcla de distancia, indiferencia y desapego clínico.
Siempre había lucido una leve sonrisa, a veces real, a veces ilusoria. En un momento brillaba y al siguiente su expresión rezumaba una burla silenciosa. Sin embargo, a pesar de todo, irradiaba energía y entusiasmo.
Ahora, en cambio, estaba serena y misteriosa, como un océano tranquilo y en calma. Cedric sintió una punzada de tristeza.
A medida que se acercaba la hora del desayuno, la nieve cubría cada centímetro de Olisvine. Cedric le entregó a Daniela una taza humeante de café. —Te estás recuperando, pero el descanso sigue siendo fundamental.
Daniela dejó a un lado el bolígrafo y se masajeó inconscientemente el cuello. —Sé que tú también has sufrido. No tienes por qué quedarte aquí por mí. Hay otras personas. No pasará nada.
Cedric esbozó una pequeña sonrisa, algo avergonzada. —La verdad es que estoy un poco preocupado.
Daniela frunció el ceño, sorprendida.
En su mente, los últimos tres años eran una nebulosa, con solo un vago recuerdo de la presencia de Cedric en el ámbito empresarial.
Había sido frío, despiadado, astuto y distante. Sin embargo, el hombre que tenía delante no se parecía en nada a esa imagen, ni siquiera en lo más mínimo. A Daniela le sorprendió oírle expresar su preocupación.
—En aquellos tiempos —comenzó Daniela, haciendo una pausa—. Al ver la expresión de satisfacción de Cedric, sintió un repentino impulso de animarle. —Éramos muy amigos, ¿verdad?
Cedric asintió con firmeza, su respuesta fue rotunda. —Por supuesto. Éramos muy amigos.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Daniela. —Debías de mimarme mucho entonces. Al contrario de lo que parece, no soy tan sensible.
Era muy consciente de su carácter distante y reservado. Cedric decidió no rebatir sus palabras y se limitó a responder con una sonrisa cálida y cómplice.
Confortada por su comprensión, Daniela reanudó su trabajo, con el bolígrafo bailando con confianza sobre el papel. Cedric, mientras tanto, echó un vistazo a la hora: eran las 8 de la mañana. Bajó a preparar el desayuno y se lo entregó a Daniela, que seguía profundamente absorta en sus bocetos, sin que su presencia interrumpiera su concentración.
.
.
.