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Capítulo 1055:
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Daniela apenas se había recuperado, pero ya se veía obligada a abordar estos problemas urgentes. La crisis de deuda interna de la corporación necesitaba una solución urgente, o Elite Lux se hundiría.
Carol bajó la cabeza y se le enrojecían los ojos. «Lo siento. No he podido proteger Elite Lux».
En la quietud de la noche, Daniela esbozó una suave sonrisa. «No hay nada de qué disculparse. Elite Lux es el trabajo de mi vida. No importa cómo lo renombren, no pueden quitarme lo que es mío».
Carol miró a Daniela. Parecía aún más frágil que después de divorciarse de Alexander. Sin embargo, cada vez que sonreía con confianza y aplomo, daba la sensación de que incluso los mayores desafíos podían superarse con facilidad.
Carol respiró hondo y asintió. —¡Tienes razón!
Daniela se quedó despierta, trabajando hasta altas horas de la noche.
A pesar del estancamiento de Elite Lux durante tres años, muchos seguían teniendo fe en la empresa y en Daniela. No podía permitirse defraudarlos. Daniela no esperaba que Carol trajera a Cedric arriba.
—Ha estado esperando abajo. Hace frío, así que pensé en traerlo para tomar un café.
Cedric estaba de pie junto a la puerta de la oficina, con expresión ligeramente sombría, aunque una leve sonrisa se dibujaba en la comisura de los labios.
—¿Te viene bien? —preguntó Cedric, con un tono notablemente más educado que el de Alexander. No entró de inmediato, sino que se quedó en la puerta, observándola desde la penumbra.
—Pasa —dijo Daniela.
Una brisa fresca entró por la puerta, trayendo un ligero aroma a colonia que despertó al instante la mente adormilada de Daniela.
Cedric se sentó en el largo sofá sin decir nada.
Daniela siguió con su trabajo, pero podía sentir su mirada fija en ella.
Por un momento, Cedric se preguntó si estaba atrapado en un hermoso sueño. De lo contrario, ¿cómo podía ser que algo que había anhelado durante tanto tiempo estuviera ahora ante él?
Una vez había perdido a la mujer que amaba. Ahora, con su amada de nuevo ante él, no deseaba nada más que dar gracias a Dios por ese momento de felicidad. Incluso pensó que perder otra pierna no importaría si eso significaba conservar ese momento.
Durante años, no había sentido más que resentimiento hacia el mundo que se la había arrebatado. Pero ahora, esos pensamientos oscuros se desvanecieron, sustituidos por una sensación de paz, como si fuera el hombre más feliz del mundo. No quería nada más, solo que ella estuviera sana y salva.
Incluso se olvidó de que Daniela había perdido la memoria.
Tarde o temprano, lo recordaría.
—Cedric —rompió finalmente el silencio Daniela, dejando el bolígrafo y mirándolo a los ojos—. ¿Cuánto tiempo vas a quedarte ahí mirándola?
Cedric esbozó una tímida sonrisa. —Lo siento, lo recordaré la próxima vez. ¿Tienes hambre?
Daniela negó con la cabeza.
El aroma de la colonia de Cedric aún flotaba en el aire, extrañamente relajante.
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