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Capítulo 1043:
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Alexander se giró y se encontró mirando a Cedric, más delgado, casi demacrado.
Habían pasado tres años desde su último encuentro.
El hombre que tenía delante era apenas una sombra del hombre que había conocido. Ahora, Cedric tenía un aire de fría indiferencia, su presencia era aguda e inaccesible.
Su mirada brillaba con algo oscuro y peligroso, como si estuviera al borde de la violencia.
Durante tres largos años, Cedric había desaparecido del campo de batalla corporativo. En su ausencia, Alexander se había quitado la máscara y, gracias a su sorprendente parecido con Cedric, había obtenido muchas ventajas.
Absorbió los negocios de los ocho antiguos miembros clave de la asociación, junto con una parte significativa de los acuerdos de Cedric. Como presidente de la asociación, ahora tenía innumerables ventajas.
En menos de un año, su empresa había superado al Grupo Phillips de Cedric, ascendiendo a la cima del imperio empresarial del país.
Ahora, con una fortuna de decenas de miles de millones, Alexander era la persona más rica del país. Nadie en el mundo empresarial se atrevía a desafiarlo.
Al enfrentarse a Cedric, Alexander no sentía necesidad de retroceder: aquellos días de humildad habían terminado.
A los ojos de la sociedad, entre los dos maridos de Daniela, Alexander se había convertido en una figura imponente, una fuerza a tener en cuenta. Mientras tanto, Cedric había pasado tres años en las sombras, como un fantasma de lo que había sido, desapareciendo del mundo de los negocios. Su nombre, que antes se pronunciaba con respeto, ahora solo se susurraba con lástima.
Los últimos tres años habían sido una tormenta de angustia y triunfo para Alexander.
Por fin, había superado a Cedric.
Cedric siempre había sido frío antes de casarse con Daniela. Ahora era francamente glacial.
Su presencia era aguda, casi letal, tanto que, a pesar de su condición de soltero codiciado, ninguna mujer se atrevía a acercarse a él.
Por primera vez en tres años, Cedric volvió a aparecer en público.
La primera razón era que su pierna lesionada se había curado lo suficiente como para soportar peso. La segunda era que el anfitrión del banquete era un antiguo amigo de Daniela.
Acudió al evento en representación de su esposa.
Había una cosa que había atormentado a Alexander sin descanso durante tres años. Había buscado a Cedric de todas las formas imaginables: abiertamente, discretamente y a través de innumerables intermediarios.
Su único deseo era que su nombre figurara junto al de Daniela en su memorial, pero Cedric se había negado, inquebrantable y frío.
Ni siquiera el peso de su título como presidente de la asociación había podido obligar a Cedric a reunirse con él.
Durante tres implacables años, Alexander se había negado a rendirse. Pero esa noche, por primera vez, no le preocupaba en absoluto.
—Señor Phillips, esto es extraño —dijo el secretario de Cedric, inclinándose hacia él y en voz baja—. Cuando usted estaba en el hospital, Alexander venía todas las semanas. Pero ahora que usted está aquí, de repente ha dejado de venir. ¿Por qué?
El rostro de Cedric estaba tenso, sus rasgos endurecidos por años sin una sola sonrisa, lo que lo hacía parecer aún más inaccesible.
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