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Capítulo 1041:
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Daniela intentó esquivar el golpe, pero su estado de gestación le impedía moverse con agilidad.
Un dolor agudo le atravesó el hombro, seguido del olor abrumador de una sustancia nociva, que la hizo desmayarse.
Cuando recuperó la conciencia, se encontró confinada en el almacén fuera de la villa.
Tenía las muñecas atadas al poste de la cama y la habitación apestaba a gasolina. Justo cuando reunía el aliento para gritar, la figura de negro encendió un mechero y prendió fuego a la habitación.
Al instante, la habitación quedó envuelta en llamas.
Mientras el fuego ardía a su alrededor, los gritos de Daniela llenaban el aire, desesperados y ásperos.
La figura observaba desde fuera, con voz fría y amenazante. «Daniela, esto es culpa tuya. ¡Eras una amenaza demasiado grande!».
«¿Quién eres?
Desde lejos, Cedric vio a alguien acechando fuera del trastero. Pisó el acelerador, saltó del coche y vio una figura trepando por la pared.
Quería perseguirlo, pero los débiles gritos de Daniela lo detuvieron.
Con el corazón encogido, corrió hacia las llamas. Momentos después, el sonido de una explosión estremeció el aire.
Pasaron los días.
«Daniela Harper, directora ejecutiva de Elite Lux, murió en un terrible incendio. Cedric Phillips, del Grupo Phillips, se encuentra en estado crítico y sigue inconsciente», informaron las noticias.
El tiempo pasó.
«A raíz de la muerte de Daniela Harper, Elite Lux ha suspendido todas sus operaciones nacionales, con Cedric Phillips aún en coma». Las semanas se convirtieron en meses.
«Devastado por la muerte de su esposa, Cedric Phillips dimite como director ejecutivo del Grupo Phillips». Alexander se encontraba frente al imponente edificio de Elite Lux, con el corazón encogido por la pérdida.
Había esperado que sus esfuerzos repararan la relación entre ellos y les permitieran empezar de nuevo con Daniela.
Nunca podría haber previsto un final tan catastrófico. Noche tras noche, Alexander buscaba refugio en los bares, ahogando su dolor. Pasaron tres años.
Se topó con un nuevo anuncio de Elite Lux.
Algo en la imagen le llamó la atención: una silueta que le resultaba inquietantemente familiar.
En ese instante, una oleada de adrenalina recorrió las venas de Alexander. El anuncio era fugaz, solo duraba unos segundos, pero en ese breve lapso de tiempo, una silueta familiar parpadeó en la pantalla.
Si no hubiera conocido tan bien esa figura, habría pasado ante sus ojos como un fantasma en el viento.
Aferrándose al mando a distancia, Alexander reprodujo el fragmento una y otra vez, obsesivamente, en bucle.
Incluso después de verlo tantas veces, sus emociones seguían siendo abrumadoras. Era el aguijón del arrepentimiento, el sabor amargo de saber que todos sus esfuerzos pasados se habían desmoronado y se habían convertido en nada.
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