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Capítulo 662:
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«¡Señora Carter! ¡El capitán está en serios problemas!».
Su mano temblaba violentamente. El teléfono casi se le resbaló de las manos. William se incorporó inmediatamente, con la mirada aguda y preocupada. «¿Qué pasa? ¿Quién es?».
Renee respiró hondo, obligándose a calmar sus nervios. Apretó el teléfono con fuerza y habló con claridad inquebrantable.
«Respire hondo y cuénteme todo. ¿Qué le ha pasado al Sr. Chadwick?».
La voz de Barr al otro lado de la línea era frenética, con una urgencia cruda que hizo que a Renee se le helara la sangre. «¡Sra. Carter, han atacado al capitán! Ahora mismo está en quirófano y la cosa no pinta bien. Apenas he conseguido llevarlo al hospital a tiempo».
Un agudo pitido llenó los oídos de Renee, ahogando todo lo demás. Sintió un doloroso nudo en el pecho y apretó los dedos con tanta fuerza alrededor del teléfono que sus nudillos se pusieron blancos como la leche.
«¿Qué hospital? Dímelo ahora mismo, ¡ya voy de camino!». Era imposible ocultar el pánico en su voz.
Al oír el nombre de Ryder, William sintió una breve punzada de celos en el estómago, pero la reprimió. No era momento para emociones fuera de lugar. Por mucho que quisiera negarlo, Ryder significaba algo para Renee y, en ese momento, ella estaba aterrorizada por él. Dejando a un lado sus sentimientos, William se quitó las mantas y se puso de pie.
En cuanto terminó la llamada, Renee buscó a tientas su ropa, con las manos tan temblorosas que le costaba ponérsela. El miedo en sus ojos era evidente.
—Nene, respira. Llegaremos enseguida —dijo William con voz firme mientras se ponía la chaqueta. Le cogió la mano y se la apretó con fuerza antes de sacarla por la puerta.
Durante todo el trayecto en coche, Renee se aferró al brazo de William, agarrándolo con tanta fuerza que sus uñas se le clavaban en la piel, aunque ella ni siquiera parecía darse cuenta. Toda su atención estaba puesta en la carretera, y su mente rezaba frenéticamente para que Ryder saliera adelante.
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William mantuvo la vista en la carretera, pero de vez en cuando le lanzaba miradas furtivas. Quería decir algo, cualquier cosa, para aliviar su miedo, pero las palabras no le salían. Nunca la había visto tan alterada. El hecho de que otro hombre pudiera provocarle tal reacción le inquietaba, pero en ese momento lo único que importaba era llegar al hospital.
En cuanto llegaron, Renee apenas esperó a que el coche se detuviera antes de salir corriendo y entrar apresuradamente por la puerta del hospital. Su mirada se movía frenéticamente, buscando cualquier señal de Ryder.
William la alcanzó rápidamente y, con voz tranquila pero firme, habló con una enfermera que estaba cerca. En cuanto supo el número de la habitación, no perdió tiempo y condujo a Renee por el pasillo.
Justo fuera de la sala de urgencias, Barr caminaba inquieto, con el rostro tenso por la preocupación. En cuanto vio acercarse a Renee y William, corrió hacia ellos con una expresión de desesperación en el rostro. —¡Señora Carter!
Renee se mordió el labio, con la mirada fija en la puerta de la habitación del hospital. De sus ojos emanaba un frío tan intenso que inquietaba a cualquiera que estuviera cerca.
—¿Qué ha pasado exactamente? —Las palabras salieron disparadas, agudas e inflexibles. Apenas podía controlarse, con las emociones al límite. Si Ryder había acabado así, la situación debía de ser mucho peor de lo que ella temía.
El hecho de que Barr lo hubiera traído aquí en lugar de al hospital militar no hacía más que aumentar su inquietud. ¿Cómo de graves eran sus heridas para que Barr estuviera tan conmocionado?
Barr bajó la cabeza, con el peso de la culpa presionando sus hombros. —¡Señora Carter, le fallé! ¡No pude mantenerlo a salvo! —Su voz temblaba, cargada de remordimiento.
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