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Capítulo 589:
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«¿Cómo sabemos que no mientes? ¿Y si vuelves a apuñalar a Renee por la espalda?».
Claude se volvió hacia él, con la mirada inquebrantable.
«Entonces, como castigo, no volveré a verte nunca más». Su voz se suavizó, cruda por la emoción.
«Ryland, he tenido mucho tiempo para pensar. Y finalmente entiendo lo que importa. No quiero perderte de nuevo…».
La voz de Claude se apagó, las últimas palabras apenas audibles. Pero Ryland pareció entender. Se dio la vuelta, negándose a mirar a Claude a los ojos.
Renee lo pensó por un momento. Las palabras de Claude tenían algo de verdad, pero la confianza no era algo que ella pudiera dar libremente. Tras sopesar los riesgos, finalmente dijo:
«Está bien. Te daré una oportunidad, pero no me hagas arrepentirme. Y dejemos una cosa clara. Esto es entre tú y yo. ¿Tus problemas con Ryland? Eso es otro asunto. Pero tenlo claro: si alguien intenta hacerle daño, tendrá que responder ante mí».
Claude asintió con brusquedad.
«¡Entendido!».
Ryland seguía sin parecer convencido. Se volvió hacia Renee, con voz llena de preocupación.
«Renee, esto no es un asunto baladí. ¿Y si él…?».
Ella le puso una mano tranquilizadora en el hombro.
«No pasa nada».
Claude aprovechó el momento.
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—Ryland, si sigues sin confiar en mí, ¡puedo entregarte ahora mismo las pruebas que he reunido sobre Orlando!
Ryland se burló.
—Ahora sí que estamos hablando.
Renee se sorprendió cuando el nombre de Nixon apareció en su teléfono. Si no hubiera sido por esa llamada inesperada, quizá se habría olvidado por completo de él.
Al otro lado de la línea, el sarcasmo mordaz y la fría indiferencia habituales de Nixon habían desaparecido. En cambio, su voz transmitía una suave precaución, una amabilidad que le recordó a Renee cómo solía hablar cuando Johnny todavía estaba vivo.
«Renee… ¿cómo has estado?».
Renee dudó, preguntándose por un momento si realmente era Nixon quien estaba al otro lado de la línea. Se alejó el teléfono y comprobó el identificador de llamadas. Al ver su nombre, volvió a acercarse el teléfono a la oreja.
«¿Necesitas algo?», preguntó Renee con tono seco.
«No, no, en realidad no. Es solo que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos y quería saber cómo estabas».
La expresión de Renee se volvió escéptica. No se creyó ni por un segundo esa repentina muestra de preocupación paternal.
«Si tienes algo que decir, suéltalo. No hace falta que lo endulces».
Ante sus palabras, Nixon dejó escapar un suspiro apenas audible, con un tono de resignación en la voz.
—Renee, he oído que Damir y Jarrod están intentando interferir en el proyecto de William en Brookshire. Me preocupa que eso pueda afectarte. Si hay algo en lo que pueda ayudarte, dímelo. Haré lo que pueda.
Renee frunció aún más el ceño, sin convencerse de la aparente preocupación de Nixon.
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